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CARTAS DEL OBISPO FR. MARCOS CABELLO Y LÓPEZ AL REY FERNANDO VII. AÑO1816

El rey Fernando VII envía una carta al obispo de la diócesis de Guadix-Baza, Fr. Marcos Cabello y López, encomendándole que promueva las Santas Misiones en la diócesis con el fin de desarraigar del corazón de sus diocesanos las ideas republicanas y antimonárquicas difundidas en el pueblo español durante el periodo de la dominación francesa y que tan perjudiciales han sido para el bienestar, tranquilidad y sosiego de sus conciencias.

El Obispo responde al Rey expresándole su profundo respeto y veneración, anunciando que va a publicar una Carta Pastoral y dándole a conocer su adhesión a la monarquía y la labor pastoral realizada tras su regreso a la diócesis al finalizar la Guerra de la Independencia

Fr. Marcos Cabello y López nació en Córdoba. En el Colegio de los agustinos de S. Ascasio de Sevilla estudió filosofía y teología volviendo a Córdoba como doctor en Artes. Su orden lo envió a Roma a estudiar filosofía moderna. A su vuelta fue Maestro y Prior del convento de agustinos de Córdoba. Fue obispo de la diócesis de Guadix-Baza de 1804 a 1819.

 

CARTA DEL REY AL OBISPO

            “Reverendo en Cristo Padre Obispo de Guadix del mi Consejo.

Bien os consta la herida mortal que en el corazón del Estado van causando las máximas republicanas y antimonárquicas que desgraciadamente se han difundido en el Pueblo español con descrédito del constante amor que por tantos siglos ha profesado a sus Soberanos y cuya fidelidad y lealtad envidiadas de los demás pueblos de Europa han hecho siempre su felicidad y su dicha

            La falsa filosofía que tiene declarada la guerra más cruel al Altar igualmente que al Trono, ha sembrado la más perniciosa cizaña entre nosotros con doctrinas corrompidas y seductoras del corazón del hombre, queriendo conciliar la ley de sus miembros con la de su mente, sin embargo de la repugnancia que dicen entre sí

            Y siendo tan peculiar de los Padres y Pastores de la Iglesia oponer un dique al torrente de iniquidad que envuelven semejantes máximas tan subversivas del orden social, como contrarias al espíritu del Evangelio de Jesucristo; espero de vuestro celo por el bien de la pureza de la Religión y del bien del Estado que os dediquéis con el mayor tesón y empeño a desarraigar del corazón de vuestros diocesanos unas ideas tan perjudiciales a su bienestar y a la tranquilidad y sosiego de sus conciencias ya encargando muy particularmente a los anunciadores de la palabra de Dios, que procuren combatir en la cátedra del Espíritu Santo la falsedad de principios tan corrompidos ya promoviendo que se den a la luz pública escritos luminosos sobre estos puntos por personas de virtud y sabiduría y ya finalmente por medio de una carta pastoral que me prometo publicaréis con la brevedad que os fuere posible con el fin de exterminar este monstruo. Y os lo ruego y encargo afectuosamente pues en ello me haréis un agradable servicio. En Palacio a 22 de Marzo de 1816”

 

            Con la misma fecha recibe el Obispo otra carta del rey redactada en los siguientes términos:

 

EL REY

            “Reverendo en Cristo etc…

            Los repetidos avisos que me dan personas celosas del bienestar de mis Pueblos de la desmoralización y corrupción de costumbres en que lastimosamente se van deslizando, sin duda por efecto del pernicioso ejemplo que en la guerra destructora, que acabamos de sufrir, han tenido a la vista en la disolución y estragada conducta de nuestros enemigos han penetrado mi corazón del más vivo dolor y sentimientos por los males que debe causar a la Religión y al Estado semejante desorden. En esta atención me veo en la necesidad de excitar vuestro celo por la causa de Dios y recomendaros, como os recomiendo, que como Pastor del rebaño de Jesucristo empleéis todos los recursos que os inspirare el Espíritu del Señor, del que os creéis asistido, para restablecer las buenas costumbres que han sido siempre la divisa del cristiano Pueblo español.

            Uno de los medios que contemplo más eficaces para conseguir tan saludable objeto es la repetición y frecuencia de las Santas Misiones que con tanto provecho espiritual de los fieles ha sido laudable costumbre practicarse en todo el Reino: en su consecuencia os encargo que promováis tan santo ejercicio, echando mano para ello de aquellos eclesiásticos ya seculares o ya regulares de mayor virtud y sabiduría que tuviereis en vuestra diócesis destinados a tan recomendable empresa.

            Espero para consuelo mío que me iréis participando los progresos y adelantamientos que se fueren haciendo en tan interesante negocio en que me lisonjeo se ocupará vuestra atención con la preferencia que se merece. Y os lo ruego y encargo afectuosamente pues en ello me haréis un agradable servicio. En Palacio a 22 de Marzo de 1816 

 

CARTA DEL OBISPO AL REY FERNANDO VII

 

            Señor: Penetrado del más profundo respeto y veneración que por tantos títulos y derechos debo a la sagrada Real persona de V.M. recibí su respetable carta fecha en 22 del próximo pasado Marzo, en la que justamente se duele V.M: de la mortal herida que van abriendo en el corazón del Estado las máximas republicanas y antimonárquicas esparcidas por la Península en los últimos años de nuestra calamidad, que siendo propias y peculiares de la falsa filosofía, son el alto grado peligrosas y temibles no sólo al Estado sino también a la Religión.

            En cumplimiento de los encargos que para contener y aún precaver un contagio tan pernicioso se sirve V.M. hacerme, redoblaré mi vigilancia por todos los medios posibles y publicaré una Pastoral al intento cuanto antes me lo permitan mis indispensables ocupaciones. Mas entretanto para dar algún consuelo al Real ánimo de V.M. puedo asegurarle que en los pueblos de mi diócesis no ha cundido ni se ha propagado tan pestífero veneno y exceptuando el corto número de personas literatas y de probidad que al mismo tiempo que conocen también abominan las máximas antedichas, todo el demás pueblo las ignora enteramente y ninguna idea tiene de la falsa filosofía, de sus principios, ni de los fines perversos y fatales que se propone.

            Dios Ntro. Sr. prospere y corone los justos y piadosos deseos de V.M. y nos guarde su importante vida por largos y felices años para bien de la España y de la Sta. Iglesia.

                                                           Guadix 4 de Abril de 1816

 

CON LA MISMA FECHA ESCRIBE FR. MARCOS CABELLO OTRA CARTA DIRIGIDA AL REY

            SEÑOR: He recibido con la más profunda veneración la respetable carta que V.M. se ha servido dirigirme con fecha del 22 del pasado Marzo, besándola y poniéndola sobre mi cabeza en protestación de mi amor, respeto y obediencia a mi Rey y Señor legítimo y Soberano: en ella después de manifestar V.M. su justo sentimiento por la desmoralización y corrupción que desgraciadamente ha cundido y vemos extendida en los pueblos de nuestra Península a efecto del trato y comunicación inmediata con las tropas enemigas en el largo tiempo que ocuparon nuestras provincias, tiene V.M. la dignación de excitar mi celo pastoral por la causa de Dios y de recomendarme eficazmente todos los recursos que Dios me inspirase para restablecer las buenas costumbres que siempre distinguieron gloriosamente al pueblo español. En particular me encarga V.M. la repetición y frecuencia de Stas. Misiones acostumbradas en todo el Reino con notorio provecho espiritual de los fieles.

            Doy a V.M. las más sinceras gracias por su santo celo en estimular mi pastoral solicitud sobre el rebaño de Jesucristo puesto a mi cuidado de cuya salud he de responder y espero con la ayuda de Dios trabajar por ella con tanto mayor conato cuanto me veo excitado y protegido para ello por V.M. que por un singular beneficio de la divina misericordia se halla tan decidido y nos ha dado tantas pruebas de su celo por la causa de Dios y por la defensa de su Iglesia.

            Hasta ahora, Señor, he procurado tener siempre presentes las graves obligaciones de mi ministerio confesando no obstante mis muchos defectos hijos de mi ignorancia y poca virtud. Luego que los enemigos desocuparon mi Diócesis a fines de Septiembre del año pasado de 1812 regresé de mi asilo de Gibraltar y entré en ella en 21 del siguiente Octubre. Mi primera diligencia fue pedir a todos los curas noticia puntual y exacta del estado espiritual de sus parroquias, la cual habida, escribí y publiqué una Pastoral, manifestando a mis diocesanos la necesidad de aplacar la justicia del Señor con la penitencia de reforma de costumbres, impugnando las falsas y perniciosas máximas que hubiesen esparcido los enemigos o que incautamente hubiesen adoptado de nuestros libertinos e irreligiosos periodistas del tiempo de la impunidad, y finalmente exhortando a todos a reunirse en paz y caridad cristiana y a hacer los mayores esfuerzos para acelerar la libertad de V.M. y de la Nación.

            Pasado aquel invierno emprendí segunda visita general de toda la diócesis confirmando, predicando y poniendo por mí mismo las diligencias que me fueron posibles para mejorar el estado de mis feligresías. Al tiempo de finalizarla en Noviembre de 1814 recibí el Real Decreto de V.M. de 9 del anterior Octubre en cuyo obedecimiento repetí nueva Pastoral a mis diocesanos dirigida principalmente contra los vicios y males más ordinarios del País y consiguientes a su mucha pobreza, ninguna industria, mendicidad y miseria sin término y no siempre por verdadera y legítima necesidad: en ella procuré estimular el celo de las justicias, Ayuntamientos y de los padres de familia para que promoviesen las escuelas de primeras letras, la educación moral y política y la enseñanza e instrucción en la doctrina cristiana. Ya entonces había practicado diligencias para traer Misioneros, los que no he conseguido hasta este año y en el día tengo dos del Seminario de Cehegín predicando en pueblos de la Abadía de Baza y otro capuchino en esta ciudad misionando toda la Cuaresma. El clero tanto secular como regular de mi diócesis se halla en la mayor decadencia por el cortísimo número de sus individuos pues casi no hallo ni de unos ni de otros operarios que poner en los destinos parroquiales de Curatos y Beneficios que sucesivamente van vacando, siendo esta una de las mayores anarquías que padezco en el Ministerio. Yo quisiera que mis trabajos hubieran producido los más abundantes y saludables frutos y siento mucho no poder dar cuenta a V.M. de mayores adelantamientos.

            Dios Ntro. Sr. guarde y prospere la importante vida de V.M. los más dilatados y felices años para bien del Estado y de la Religión.

                        Guadix 4 de Abril de 1816

                        Fr. Marcos Obispo de Guadix y Baza