Vigésimo tercer Domingo del Tiempo Ordinario. Ciclo C. 8 de septiembre de 2019

 

ESTO MERECE LA PENA

Hemos hablado en otras ocasiones que, la vida superficial, el conseguir las cosas sin esfuerzo, el todo vale, el conformismo y la poca exigencia en algunas cosas, son bastante frecuentes en muchas personas, sean creyentes o no. Además, de todo ello, se le hace una defensa atroz, se propaga con mucha facilidad y cala profundamente. Para darnos cuenta de esto, no hace falta más que mirar a nuestro alrededor y descubrirlo, pues está presente en muchísimas circunstancias y, posiblemente, alguna vez hemos pensado en ello y nos hemos dejado llevar actuando de esa manera sin saber muy bien por qué ni cómo hemos caído y llegado a esa situación.


Cuando esto ocurre, presentar el Evangelio, resulta muy difícil, porque aunque este propone una “vida feliz” un “haz esto y vivirás”, no se presenta desde lo fácil y cómodo, sino con exigencia y radicalidad, poniendo toda la vida en juego y pasando por la cruz, por el sufrimiento, por el esfuerzo total que lleva hasta las últimas consecuencias, “si alguno quiere venir conmigo y no está dispuesto a…, no puede ser discípulo mío” (Lc 14,25-33). Es, amar al que no nos ama, hacer el bien al que nos hace el mal, perdonar al que nos ofende, rezar por los que nos persiguen, acoger al esclavo como un hermano querido (Flm 9b-10.12-17) o encontrar dificultad en conocer los designios de Dios como leemos en la lectura del libro de la Sabiduría (9,13-18).
Sólo podemos entender esto siendo conscientes de que el discípulo no es aquella persona que deja algo, sino aquella persona que se ha encontrado con alguien, lo que provoca el que todo pase a un segundo plano, porque lo que prevalece es el tesoro hallado en la persona de Jesús y el gran proyecto del Reino que él propone. Se trata de renunciar, abandonar aquello que es incompatible con el proyecto de Jesús, incluso aquello en lo que ponemos nuestra propia seguridad. Así, seguir a Jesús, es un proyecto muy serio que exige sentarse a reflexionar para no tomárselo a la ligera; es descubrir que merece la pena, es decir, merece penar por conseguir ser fiel al Evangelio, a la persona de Jesús, que propone el que hay más felicidad en dar que en recibir o vender todo lo que se tiene porque se ha encontrado un tesoro que dura hasta la vida eterna. El evangelio de hoy pone en cuestión todas nuestras catequesis y procesos de iniciación a la fe para que descubramos la fuerza y la exigencia del Evangelio a fin de ser felices.
El salmo de hoy (89) nos puede ayudar si hacemos nuestra su petición y decimos “enséñanos a calcular nuestros años, para que adquiramos un corazón sensato”. Enséñanos a optar radicalmente por ti, Jesús; enséñanos a cargar con la cruz y enséñanos a renunciar a todo para adquirir una parte en tu Reino. Estas condiciones competen a todos y no sólo a un grupo de selectos. Y, lo más sorprendente de todo esto es que se presenta como una propuesta y no como una obligación. Jesús propone y nos toca a nosotros decidir en libertad, con claridad y pensando bien las cosas porque esto de seguir a Jesús no es cosa de impulsos y de momentos concretos o estelares, sino que es un estilo de vida que se vive en el día a día y en todas las opciones que vamos haciendo, porque ello condiciona nuestra vida y visión de las cosas. Poner la mano en el arado y echar la vista atrás no es correcto para ser seguidor de Jesús. Nadar y guardar la ropa que dice nuestro refranero popular, no es estilo del discípulo seguidor de Jesús; las medias tintas, el bueno sí, pero… no son actitudes que vayan con el que quiere seguir a Jesús. Nos dice A. Pronzato que de lo que sí está bastante seguro es que en el seguimiento de Jesús, “la única elección equivocada es la neutralidad; el único compromiso imperdonable es el no comprometerse; y la única posición intolerable es la indiferencia”. ¡Claro! el no comprometerse y el ser indiferente no aporta nada porque no se hace nada, pues no hay posibilidad de contrastar, sentir y experimentar.

José Mª Tortosa Alarcón. Párroco de Jérez del Marquesado, Albuñán y Cogollos


PREGUNTAS:
1. ¿Con qué exigencias vivo mi fe?
2. ¿Qué condiciones pongo al seguimiento de Jesús? ¿son compatibles con las que Jesús propone?

 

 

Dibujo de Miguel Redondo. Comentario de José María Tortosa. Y preguntas para la reflexión.

 

 

Modificado por última vez enDomingo, 08 Septiembre 2019 07:01