Décimo Noveno Domingo del Tiempo Ordinario. Ciclo C. 11 de agosto de 2019

EL PELIGRO NO SON LOS BIENES SINO LA PERSONA

En la Asociación Proyecto Hombre, se suele decir con frecuencia, cosa que también digo ahora, que el problema no son las drogas, sino la persona que las consume, pues las drogas nos acompañan, están ahí, se utilizan en medicina, sobre todo; también en la vida social (alcohol y tabaco). El problema es la persona que las consume, de tal modo, que son un problema para su vida normal y llega desde el uso, al abuso y a la adicción si no se controlan bien, provocando toda una serie de problemas que hacen necesario el tratamiento para la deshabituación, rehabilitación y la inserción social; cosa nada fácil, pero tampoco imposible, si la persona pone todo su empeño en salir de ese pozo donde se ha ido metiendo casi sin darse cuenta o siendo muy consciente.


Digo esto, porque el evangelio de este domingo (Lc 12,32-48) nos recuerda algo parecido, pero con otro tema, el dinero, del que ya, la semana pasada, también el evangelio nos hacía alguna que otra advertencia. Es decir, nos recuerda que el peligro no son los bienes en sí mismos, sino la persona (simbolizada en el corazón) que se apega a ellos y corre el peligro de cerrarse al don de Dios. Es por ello que sea necesario mantenerse constantemente en guardia para que las riquezas no seduzcan el núcleo del ser humano que nos lleven a la perdición y el olvido de los demás. “Tened ceñida la cintura y las lámpara encendidas”. Ante este tema, como en el de las adicciones, no podemos bajar nunca la guardia, sino que hay que estar continuamente alerta para que no dominen nuestra vida y nos lleven a la perdición, a la soledad, a la infelicidad.
“No tengamos miedo. Aunque a nadie se le escapa que ser cristiano es arriesgado… Mantener encendidas las lámparas, estar en vela y atentos será más sencillo si comprendemos la vida desde los ojos de Dios… Para estar a punto hay que abandonarse en el corazón del buen Dios misericordioso, sabiendo en manos de quién hemos puesto nuestra confianza. Es la mejor manera de que todo esté preparado” (Rafael J. Pérez).
La fe tiene mucho que decir y que aportar, ya que la fe es una fuente de valores y actitudes para la vida si se vive consciente de ella y sabiendo muy bien que la fe tiene implicaciones concretas en la vida, porque nos orienta, nos da un sentido a la vida, una responsabilidad, una tarea permanente por la que mantenerse activo. Desarrolla en nosotros los valores del compartir, de la amistad, del amor, del bien común, de la confianza, del perdón, de la preocupación por uno mismo y por el otro…, toda una serie de actitudes que nos ayudan para la vida diaria.
La fe no es un encerrarse entre cuatro paredes y pasar el día rezando y alejado del mundo, sino que la fe, si cabe, me compromete más, “la fe es seguridad de lo que se espera, y prueba de lo que no se ve. Por su fe, son recordados los antiguos…” como muy bien nos recuerda la carta a los Hebreos (Heb 11,1-2.8-19). La fe siempre te quiere llevar a más, a aspirar a los bienes mejores, ansiar una patria mejor, la del cielo. Jesucristo concibe la fe como un vivir despiertos que nos libera de la superficialidad y el sinsentido. Un vivir vigilantes, preparados, responsablemente. La vigilancia cristiana exige que los cristianos aprendamos a vivir con nuestra propia conciencia como bien nos recuerda el papa Francisco en la exhortación sobre el amor en la familia, “la alegría del amor” (Amoris laetitia), pues nadie puede ocupar nuestro lugar ni hacer las cosas por nosotros.
“Los cristianos, acostumbrados con frecuencia a vivir nuestra fe como una tradición familiar, una herencia sociológica o una etiqueta más, no somos capaces de descubrir toda la fuerza que encierra para humanizar, personalizar y dar sentido, una hondura y una esperanza nueva a nuestras vidas. Uno de los espectáculos más tristes para un creyente es observar cómo bastantes hombres y mujeres abandonan una fe, vivida de manera muy inconsciente y poco responsable, para adoptar una actitud de increencia, tan inconsciente y tan poco responsable como su postura anterior” (F. Ulibarri).
José Mª Tortosa Alarcón. Párroco de Jérez del Marquesado, Albuñán y Cogollos
PREGUNTAS:
1. ¿Cuáles son las mayores dificultades que encuentras en tu vida para mantenerte vigilante ante la llamada del Señor?
2. ¿Soy consciente de lo que la fe aporta en mi vida? ¿lo puedo concretar?

Modificado por última vez enDomingo, 11 Agosto 2019 09:49