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Décimo Quinto Domingo del Tiempo Ordinario. Ciclo C. 14 de julio de 2019

 

¿QUÉ TENGO QUE HACER?

Ya estamos en pleno verano y, dice el refranero popular, “que en tiempos de melones no sean largos los sermones”, ¡bueno!, eso siempre, sino que vayan derechitos al grano, a lo concreto y práctico para no enredar ni florear mucho ni dar muchos rodeos como nos invita el evangelio. Eso es lo que pretendemos desde estas líneas, esperando que no nos cansen ni sean pesadas, sino justas y ajustadas y que hablen de Jesús de Nazaret.

¡Vaya preguntita que se ha sacado de la manga el maestro de la ley para poner a prueba a Jesús! (Lc 10,25-37). ¡Qué manera de escurrir el bulto! ¡Cómo si no lo supiera! Lo que pasa es que cuesta mucho trabajo ponerse a hacer lo que hay que hacer, sobre todo, cuando eso supone un cambio de mentalidad, un cambio de actitud, un cambio de valores, un cambio de lo que sea, que es lo que más nos cuesta, ¡cambiar! y por eso, damos los rodeos que sean necesarios para que no se nos complique la vida.

Pero, por si fuera poco y no quedase contento con la respuesta, el maestro de la ley vuelve al ataque con otra preguntita del mismo estilo y, ¿quién es mi prójimo? ¿Quiénes son los pobres de hoy? Esta podría ser y, de hecho lo es, la pregunta que frecuentemente se oye cuando nos ponemos a pensar y a trabajar en cómo ayudar a los pobres y necesitados. Vienen los rodeos, las precisiones…, pero, el problema no está en saber quién es mi prójimo, sino en hacerse prójimo.

Esta actitud de andarse con rodeos, no es la actitud del auténtico seguidor de Jesús, sino todo lo contrario y, lo sabemos bien, “El mandamiento está muy cerca de ti: en tu corazón y en tu boca. Cúmplelo” (Dt 30,10-14). Cúmplelo porque “los mandatos del Señor son rectos y alegran el corazón” (Sal 18,8-11). Y de eso se trata, de ser rectos y vivir en la alegría del corazón, que es posible cuando somos capaces de vivir la vida con los ojos puestos en el Señor y en el prójimo, en el que tenemos cerca y necesita de nuestra atención, respeto y cuidado. Pero también, el hermano que está lejos y se siente herido, el refugiado, marginado, caído, el que sufre violencia, el despojado de sus derechos de persona, el despreciado y no tenido en cuenta, el enfermo, el drogadicto, el preso, merecen nuestra atención y preocupación.

Así que, cambiemos la pregunta ¿qué tengo que hacer? por la acción “vete y haz tu lo mismo, haz eso y vivirás”, esto es, practica la misericordia con toda aquella persona que te encuentres en el camino. Más que preguntar, me voy a poner a actuar. En tiempos difíciles es importante que seamos conscientes de nuestra llamada a ejercer la misericordia. La Iglesia toda está llamada a la misión de ejercer la misericordia con el prójimo, porque es su esencia y su raíz. Uno acierta en la vida cuando logra centrarla en el amor a Dios y al prójimo, sin separar ambas cosas y sin dar ningún tipo de rodeos para no complicarnos la vida.

“La vida es para complicársela, en el buen sentido de la palabra, buscando la voluntad de Dios. Es lo que hizo Jesús “Y por él quiso Dios reconciliar consigo todos los seres, los del cielo y los de la tierra, haciendo la paz por la sangre de su cruz” (Col 1,15-20). No basta buscar la voluntad de Dios de cualquier manera, sino buscarla siguiendo muy de cerca las huellas de Jesús. La cuestión para tener vida no está en si alguien busca a Dios o no, sino en si lo busca donde él mismo dijo que estaba, cosa que hizo desde el nacimiento de su Hijo (la Encarnación) hasta la muerte en cruz. Nos enseña Jesús que el amor al prójimo es auténtico amor humano, que se conmueve ante la persona maltratada y herida”.

 José Mª Tortosa Alarcón. Presbítero en la Diócesis de Guadix-Baza

 

PREGUNTA:

  1. ¿De qué personas tienes dificultad para hacerte prójimo? ¿Qué “rodeos das para no acercarte a ellos? ¿Por qué?
  2. ¿En qué y con quién me complico la vida?

Dibujo de Miguel Redondo. Comentario de José María Tortosa. Y preguntas para la reflexión.

 

 

Modificado por última vez enDomingo, 14 Julio 2019 08:41