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Carta Pastoral para la Campaña de Manos Unidas contra el Hambre

Queridos todos:

Al llegar febrero, Manos Unidas, asociación de la Iglesia Católica en España para la ayuda, promoción y desarrollo en los países en vías de desarrollo, vuelve a recordarnos, en palabras de la Presidenta nacional, “que la indiferencia o la desesperanza nos pueden hacer cómplices involuntarios de lo que, en pleno siglo XXI, es el mayor de los fracasos de la humanidad: el hambre”. Nos invita a salir de nuestra comodidad satisfecha y a combatir el hambre en el mundo.

Financiando proyectos de desarrollo en el Sur y sensibilizando a la población española, Manos Unidas, que es la Iglesia, sigue atendiendo con prioridad sectores fundamentales para una vida digna: educación, salud, agua y saneamiento, alimentación y medios de vida, derecho de las mujeres y equidad, derechos humanos y sociedad civil, medio ambiente y cambio climático.

Con el lema “La mujer del siglo XXI. Ni independiente, ni segura, ni con voz”, Manos Unidas nos invita, el segundo domingo de febrero, a mirar nuestra realidad con los ojos de Jesucristo, ojos que siempre miran y ven con corazón lleno de misericordia y ternura, imprimiendo aquella dignidad personal que el Creador donara a la naturaleza humana el día de la creación.

Inserto en la campaña trienal 2019-2021, Manos Unidas quiere seguir trabajando a favor de los derechos humanos desde el objetivo general de la campaña “Promoviendo los derechos con hechos”. Este primer año, 2019, incide en la universalidad, la indivisibilidad y la actualidad de los derechos humanos, ya que hoy muchas personas no pueden reclamarlos. Mira en esta campaña a millones de mujeres que no disfrutan de independencia, seguridad, ni tienen voz. Mujeres y niñas son quienes más sufren la pobreza y la violación de sus derechos y su dignidad. Por eso, si queremos lograr un desarrollo humano integral y sostenible, es clave seguir luchando para eliminar desigualdades entre hombres y mujeres en todos los sectores.

La Jornada Nacional de Manos Unidas quiere hacer visible lo que un cristiano ha de vivir cada día y que toca el corazón y la identidad de la vida y de la caridad cristiana: “Porque tuve hambre y me disteis de comer, tuve sed y me disteis de beber, fui forastero y me hospedasteis, estuve desnudo y me vestisteis, en la cárcel y vinisteis a verme”. (Mt. 25, 35-37).

La fe aporta una perspectiva que refuerza nuestro compromiso en la construcción de un mundo más justo. Iluminada por el Evangelio y la Doctrina Social de la Iglesia, manifiesta abiertamente que la pobreza y el hambre son contrarias a la dignidad humana; que el ser humano es principio y fin de todo proyecto social, económico, político y cultural y, como consecuencia, los bienes y su uso son universales y están destinados a la satisfacción de las legítimas necesidades de las personas.

En su 60 aniversario, Manos Unidas nos recuerda la actualidad de lo que movió el corazón de aquellas valientes mujeres de la Acción Católica que, acogiendo la llamada del Señor, supieron mirar con el corazón de Cristo nuestro mundo y pusieron en común su creatividad y valores personales para ayudarnos a mirarlo también nosotros. Como decía una de las fundadoras en el momento de la fundación de Manos Unidas, “las estadísticas escalofriantes del hambre, la injusta y bochornosa distribución de la riqueza en el mundo, la denuncia de unas realidades con las que convivíamos, provocaron asombro y estupor. Se tomaba progresivamente conciencia de la dimensión mundial de la injusticia, de que todos teníamos parte en ella y de la necesidad de concentración para tratar de superarla”. (Pilar Bellosillo)

Son palabras que siguen teniendo actualidad e incluso cobran mayor protagonismo en nuestra sociedad del bienestar egoísta. ¿Cómo cerrar el corazón a la injusta e hiriente realidad del reparto de los recursos en el que 821 millones de personas padecen el escándalo insoportable del hambre, malviven o mueren hoy en nuestro mundo considerado “superdesarrollado”?

Como en varias ocasiones ha dicho el Papa Francisco, “es un escándalo que todavía haya hambre y malnutrición en el mundo. Nunca pueden ser consideradas un hecho normal al que hay que acostumbrarse, como si formara parte del sistema” Como en las primeras páginas del Génesis, Dios nos hace garantes del bien de nuestros hermanos y nos sigue preguntando como hiciera a Caín: “¿Dónde está tu hermano?” (Gn 4,9). Manos Unidas, con su Campaña contra el hambre, nos refresca esta verdad profunda de nuestra fraternidad universal en Cristo y nos recuerda que “cada vez que lo hicisteis con uno de estos, mis hermanos más pequeños, conmigo lo hicisteis” (Mt 25,40).

Felicito al equipo diocesano de Manos Unidas, a su Presidenta y Consiliario, que nos animan a todos, cada campaña, a mirar el escándalo del hambre en el mundo y a poner el deseo y trabajo de su erradicación en el corazón de nuestra vida cristiana durante todo el año.

Que la Santísima Virgen, espejo verdadero de la mujer independiente, segura y con voz, nos ayude a proclamar y defender los derechos humanos y la dignidad personal de todos nuestros hermanos. Una vez más, escuchemos a la Virgen: “Haced lo que él os diga” (Jn. 2, 5).

Con mi bendición.

 

+ Francisco Jesús Orozco
Obispo de Guadix