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“Renace la alegría” en el DOMUND 2014

Queridos hermanos y hermanas en el Señor:

El mandato misionero que Jesús da a sus apóstoles de ir a todos los pueblos a anunciar el Evangelio constituye el gozo de la Iglesia que se hace, en medio de mundo, portadora de la Buena Noticia. La evangelización no es una carga sino la dicha que da sentido al ser y al hacer de la comunidad de los creyentes en Cristo. Como nos ha recordado el Papa Francisco: “La alegría del Evangelio llena el corazón y la vida entera de los que se encuentran con Jesús” (EG, 1); y recordemos que la alegría siempre es contagiosa, por eso no sería justo ni bueno que los cristianos nos encerráramos en nosotros mismos sin compartir el gozo de la salvación.

El DOMUND nos recuerda cada año que son muchos los hombres y mujeres a los que no se les ha anunciado el Evangelio, y no sólo en lejanos países, sino también en los de tradición cristiana. Familiares, amigos, vecinos nuestros que no conocen a Jesús, que no saben de su vida, que no han experimentado la alegría del amor de Dios en sus vidas.

Claro que la pregunta se impone enseguida: ¿Cómo lo conocerán? ¿Cómo experimentarán la alegría del Evangelio? Sin duda que por el anuncio de Jesucristo. Un anuncio que hemos de hacer nosotros, cada cristiano, con la palabra y con los gestos, con el testimonio de una vida coherente y entregada. Y, sobre todo, que hemos de hacer con alegría. No se puede transmitir una buena noticia con tristeza, con caras largas. Cristianos y comunidades cristianas con sensación de derrota, encerradas en sí mismas, donde no existe la ilusión ni el fervor apostólico no atraen a nadie. Hemos de renacer a la alegría evangélica; hemos de volver a la fuente donde encontrar la alegría perdida: “El Padre es la fuente de la alegría. El Hijo, su manifestación, y el Espíritu Santo, su animador”, escribe el Papa en su mensaje para el Domund de este año. Sí, Dios es la fuente de la alegría, sin Dios no viviremos en la alegría, y nadie da lo que no tiene.

“La alegría del Evangelio nace del encuentro con Cristo y del compartir con los pobres”. El encuentro con Cristo nos lanza al encuentro con el otro. El misterio de Cristo es la fuerza que nos lleva al hermano, especialmente al más pobre. Salir de la casa, de la familia, de la tierra es el fruto de la salida de sí mismo. La acción misionera es lo contrario al egoísmo y también su antídoto. El egoísmo es la causa del individualismo que crea tristeza. Un hombre solo, un hombre egoísta, es un hombre triste; por el contrario, un hombre misionero es un hombre alegre que crea alegría a su alrededor. Ser misionero es vocación de todos los discípulos de Cristo, es llamada para la Iglesia entera.

Os animo a todos a renovar la vocación cristiana como vocación misionera, a cultivar la alegría de la evangelización mediante el encuentro con Cristo y con los hermanos. Hagamos de nuestras comunidades, lugares de puertas abiertas donde se saboree la alegría de aquellos que han encontrado la perla preciosa. Escuchemos la voz del Sucesor de Pedro que nos dice: “No nos dejemos robar la alegría evangelizadora” (EG, 83).

Quiero hacer presentes por medio de estas letras a nuestros misioneros. Hombres y mujeres de nuestra tierra que anuncian a Jesucristo a lo largo y ancho del mundo. Los hay sacerdotes, los hay religiosos y religiosas, y también laicos. Me gustaría que desde aquí sintieran el abrazo de esta su Iglesia madre, que reza por ellos y los rodea con su afecto. Nos sentimos dichosos por la labor que realizáis, por el ardor de vuestra entrega.

La cercanía a los misioneros que se ha de hacer concreta en la oración, en el ofrecimiento de nuestros sufrimientos y dolores, en el afecto, y en la ayuda material tan necesaria.

Renace la alegría es el lema del DOMUND de este año. Dice el Papa que “con Jesús siempre nace y renace la alegría”. Si llevamos Jesús a los hombres y llevamos a los hombres a Jesús, estaremos llevando la alegría al corazón humano, pues que pobre y que triste es un corazón sin alegría.

María, causa de nuestra alegría, acompañe el camino evangelizador de la Iglesia y a los misioneros que en el mundo entero anuncian la alegría del Evangelio.

Con mi afecto y bendición.

+ Ginés, Obispo de Guadix.