The Mystery Man, del Jesús histórico al Cristo de la fe. Testimonio de un visitante de la exposición, en Guadix

La exposición, que acaba de finalizar su presentación en la ciudad de Guadix, ha permitido profundizar no solo en el misterio de la Sábana Santa, sino en el amor de Dios y la entrega de su Hijo cumpliendo la voluntad del Padre

 

«La Catedral de Guadix es una joya que a muchos sorprenderá y que ahora, como una ostra, acoge en su interior esta perla que es esta magnífica exposición». Palabras de Mons. Francisco Jesús Orozco, obispo de la diócesis, en la inauguración de la exposición The Mystery Man el pasado mes de marzo. Preciosa metáfora la del obispo, en línea con el modo de enseñanza de Cristo cuando hablaba en parábolas, e identificaba el Reino de los Cielos con una perla de gran valor, impulsando al mercader de perlas finas a vender todo su patrimonio para hacerse con ella (Mt 13, 45).

Es la perla la única joya generada por un ser vivo, la ostra, y así ha sido la catedral de Guadix en los últimos tres meses, Casa de Dios llena de vida. Sin olvidar que es la diócesis más antigua de España, fundada por uno de los Siete Varones Apostólicos, San Torcuato, quien entregó su vida en estas tierras por dar a conocer y regalar la «perla» que llevaba en su corazón, el Evangelio.

Con estos pensamientos, nos dirigimos a principios del mes de junio algunos miembros de la Asociación Católica de Propagandistas a besar y acariciar esa perla, aprovechando la coincidencia de la exposición con la celebración de las V Jornadas Católicos y Vida Pública que organizaba el Centro de la Asociación en la ciudad. Sabíamos que la exposición giraba en torno a la imagen de un hombre muerto, pero como creyentes también sabíamos que el hecho histórico representado en la Síndome es fuente de vida, el triunfo de la vida sobre la muerte.

Una vez cruzado el umbral de la catedral, pronto percibimos que más allá de la oportunidad que la exposición nos ofrecía de conocer la historia de la Sábana Santa de Turín y lo que la Ciencia dice sobre el cuerpo del hombre que ella envolvió, lo que realmente enseñaba es a descubrir el amor de Dios y su infinita misericordia. Porque el cuerpo del hombre de la Sábana Santa lo que realmente representa y manifiesta es la concreción del amor de Dios, tal como escribe el evangelista Juan: «Porque tanto amó Dios al mundo que dio a su Hijo único, para que todo el que crea en él no perezca, sino que tenga vida eterna» (3,16). Dios se hizo carne en Jesucristo para, mediante la tortura, morir como un malhechor. Y lo hizo por amor.

Una mirada desde el corazón

El recorrido por las diferentes salas podía hacerse mediante el uso del sentido de la vista, pero era un medio muy pobre. No era cuestión de ver, sino de mirar, con los ojos y el corazón, y, al mismo tiempo, rezar, alabar a Dios Padre por su amor hacia nosotros, y al Hijo por entregar su vida «por nuestra salvación».

La exposición finalizaba con la representación hiperrealista y volumétrica del hombre que en la Síndome aparecía representado, provocando en el espectador un agónico silencio y diversas emociones. La visión de las múltiples y tremendas heridas producidas por el flagrum romano, la lanza o la corona de espinas, daban lugar a una gran congoja interior acompañada de un gran remordimiento, pues por sus llagas y heridas hemos sido nosotros sanados. Al mismo tiempo, la imagen del hombre muerto nos llevaba al Jesús vivo, el resucitado, el Cristo de la fe, quien da sentido y esperanza a nuestra vida, momento en que la pesadumbre del corazón se transformaba en alegría y agradecimiento.

Es frecuente que finalizada la visita muchos se preguntasen por la veracidad de lo visto. Como en otras muchas ocasiones, aquí también Ciencia y Fe caminan unidas, y aunque la exposición no desvela científicamente el misterio de la Síndome, nos acerca más al Misterio de la Cruz.

 

Juan Caamaño Aramburu

Miembro de la Asociación Católica de Propagandistas