Miércoles 6 de enero de 2021. Ciclo B. Epifanía del Señor

Celebramos hoy la solemnidad de la Epifanía de nuestro Señor Jesucristo, de su manifestación como Salvador del mundo entero a través de la venida y adoración de los Reyes Magos, tres sabios de Oriente que discerniendo las señales del cielo comprendieron que un nuevo rey, uno muy especial, no como cualquier otro, había nacido en Judea. Por ello desde Oriente, guiados por la estrella emprenden un largo camino en búsqueda de este niño para conocerlo, postrarse ante él y presentarle las ofrendas que llevaban. Este camino que emprendieron seguro no fue fácil, pues tuvieron que sortear diferentes obstáculos y dificultades, pero el deseo en su corazón de contemplar a este rey tan especial les impulsaba y animaba en su travesía.


Los magos o sabios llegaron a Jerusalén y se dirigieron inmediatamente al palacio de Herodes, pues pensaban que allí encontrarían a Jesús, ya que la lógica humana nos indica que un rey tan importante debería nacer en un Palacio. Pero la lógica de Dios es diferente a la nuestra y Él ha querido venir a nosotros por un camino diferente, por el camino de la humildad y la pobreza, y es así como Herodes, ayudado por los sumos sacerdotes y escribas, quienes encontraron en la profecía de Miqueas el lugar exacto del nacimiento del rey de los judíos, revela a los sabios de oriente donde estaba el niño: Belén de Judea.
Guiados de nuevo por la estrella, los sabios llegan ante la presencia del niño Jesús, reconociéndolo como el Rey de reyes y Señor de señores, postrándose ante Él y entregándole sus dones: Oro, como signo de su realeza; Incienso, signo de su divinidad; y mirra, signo de su humanidad y prefiguración de su muerte en rescate por todos nosotros.
Así como los magos de oriente, todos nosotros somos peregrinos en esta vida y nuestra meta no es otra que el encuentro cara a cara con el Señor, pero a través de este camino que no es fácil, la Iglesia aparece como esa estrella que guía nuestro peregrinar hacia Jesucristo, que nos lleva a encontrarnos con Él día a día a través de los sacramentos, que nos enseña a conocerlo a través de su Palabra, que nos lleva a amarlo a través de nuestros hermanos, que nos impulsa a seguir sus pasos y a configurar nuestro corazón con el de Cristo.
Cada vez que escuchamos las campanas de nuestros templos, es la voz de la Iglesia que nos invita a ponernos en camino para poder también nosotros, como los Reyes Magos, contemplar y adorar a Jesucristo vivo y presente en la Eucaristía, a postrarnos ante él y a entregarle la ofrenda de nuestra vida y de nuestro corazón muchas veces cansado, herido y debilitado por el pecado y por las luchas del día a día; pero el Señor nos quiere renovar con su gracia, Él quiere aceptar nuestro corazón para darnos el suyo, este es el maravilloso intercambio de la encarnación y el nacimiento de Cristo, el Señor viene a la tierra y asume nuestra naturaleza humana para hacernos participes de su divinidad y conducirnos hacia el cielo.
No cerremos nuestro corazón como Herodes, que, llevado por la ambición y el afán de poder en este mundo, no pudo abrir su corazón a aquel que vino a abrirle las puertas del Reino eterno; no seamos tampoco ciegos como los escribas y Sumos Sacerdotes, que aun conociendo las escrituras y la revelación que Dios había hecho en ellas, no fueron capaces de reconocer a Cristo como su Salvador.
En este día pidámosle al Señor la gracia de salir de nuestra comodidad y egoísmo y ponernos en camino, como los Reyes Magos, para encontrarnos con Jesús vivo y presente en la Eucaristía, y en nuestros hermanos pobres que sufren, pues ese fue el camino que cristo escogió para venir a nosotros. Entreguemos nuestra vida al Señor para que Él nos trasforme, nos trasfigure, y especialmente para que también nosotros, como miembros de la Iglesia podamos ser estrellas, podamos ser luz que refleje el resplandor de Cristo y así podamos orientar a nuestras familias y amigos hacia Jesucristo.
John Alexander Melo Arévalo

20210106 Epifania 002