ECOS DEL PASO DE LA CRUZ DE LA JMJ POR LA DIÓCESIS-PALABRAS DEL OBISPO AL FINAL DEL VÍA CRUCIS EN GUADIX

PALABRA AL FINAL DEL VIA CRUCIS

 Guadix, 28 de Mayo de 2011

    Al final de este solemne Vía Crucis que hemos realizado con fervor y llenos de la verdadera alegría, y en medio del tiempo de la Pascua, que nos anuncia que el camino de la cruz es camino de glorificación, un auténtico Vía lucis, permitidme unas breves palabras a todos, especialmente a los jóvenes.

 

  Os quiero recordar unas hermosas palabras del apóstol San Pablo en la carta a los Gálatas: “Dios me libre de gloriarme si no es en la cruz de nuestro Señor Jesucristo, por el cual el mundo está crucificado para mí, y yo para el mundo” (6,14). Para muchos el hecho de repetir estas palabras en el siglo XXI, puede ser una necedad, o para los mas benevolentes, una ingenuidad, pues ¿cómo se puede predicar a un Dios, y este crucificado?, ¿cómo se puede decir que la cruz es camino de realización humana, de felicidad en definitiva?.

 

  Hoy, todos nosotros y especialmente vosotros jóvenes, estáis invitados a huir del sufrimiento y de todo aquello que pueda evidenciar la debilidad del hombre; se os maquilla la realidad para que no sufráis ante la cara más dura de la condición de ser hombre; por el contrario, se os invita a disfrutar, a gozar, a costa de quien sea y de lo que sea; os dicen que sois y tenéis que ser libres, entendiendo la libertad como hacer lo que quiera sin responsabilidad alguna, ocultando la verdad que es la que hace realidad los demás valores humanos; de hecho, logran hacer irrelevante la aceptación, y hasta la obediencia, de la propia conciencia. La fe en Cristo no entra dentro de las prioridades de la cultura actual, parece algo del pasado, a la que no se rechazo, sino lo que más grave, se le ignorar.

  Pues frente a este pensamiento, queridos hermanos, quiero repetir hoy en el corazón de esta Ciudad que es también el corazón de esta diócesis, que Cristo muerto y resucitado es la respuesta a todos los interrogantes humanos, la realización de todas sus aspiraciones y el sentido de nuestra vida  y de la vida del mundo.

  Esta cruz que nos preside, la cruz de los jóvenes, la cruz del Beato Papa Juan Pablo II, nos muestra el camino de la felicidad. La cruz vacía nos anuncia que Cristo está vivo, que es joven para siempre. Cristo entiende como nadie los anhelos de la juventud y sólo Él es capaz de llenar todas esas esperanzas que anidan en nuestro corazón.

  Sin embargo, podemos entender a aquellos que rechazan la cruz, a los que ven en ella el enemigo de la misma condición humana. Os quiero recordar, que en tiempos de Jesús, la cruz era un instrumento de tortura, un signo del exterminio que utilizaban los poderosos del mundo; en definitiva, la cruz era un signo e instrumento de muerte. La mayor tragedia y causa de vergüenza para un a familia judía era el que uno de los suyos fuera condenado a morir crucificado, pues en la cruz morían los paganos. Para los paganos, la cruz era signo de debilidad, en ella morían los fracasado, lo peor de la sociedad. El mismo san Pablo lo expresa muy bien cuando afirma que la cruz es “escándalo para los judíos, necedad para los gentiles” (1Cor 1,23).

  ¿Por qué entonces para los cristianos la cruz es un signo de vida y salvación?. La respuesta es sencilla para aquellos que quieran abrirse al anuncio evangélico. La cruz ya no es signo de  muerte porque en ella ha sido crucificado Cristo; en la cruz reconocemos al que es la vida de los hombres; en ella adoramos al que por nosotros y por todos los hombres entregó su vida. La cruz nos habla del crucificado, en la cruz se han abierto las fuentes de vida para los hombres.

  Podemos resumirlo en una palabra: la cruz es un signo de amor; en el frío madero levantado en el Calvario se ha manifestado el amor de Dios a los hombres. No nos salva la cruz, nos salva el amor de Dios, nos salva Cristo. Es Él quien ha cambiado el sentido natural y original de la cruz.

  Hermanos y amigos, también Cristo, con su amor, puede cambiar el sentido de tu vida, de tus alegrías y de tus sufrimientos; el Señor puede transformar todo aquellos que hay de malo en tu vida, puede llenarlo de sentido. En estos días, al paso de la cruz, he escuchado testimonios estremecedores: un joven atado para siempre a una silla de ruedas que proclama el amor de Dios que se ha hecho grande en su vida; otro que en su vida perdida se ha encontrado con los ojos del Nazareno que le revelaron el verdadero camino de la felicidad, o el paso de la cruz por el colegio de la Esperanza de esta Ciudad que nos recordaba quienes son los privilegiados de Dios, además del valor auténtico de la vida.

  Que sencillo y qué grande es el mensaje de la cruz: Dios te ama. Sí, querido hermano y hermana, querido joven, Dios te ama, nos ama a cada uno de nosotros. Descubrir y experimentar este amor es el acontecimiento más grande que se puede dar en la vida del hombre; experimentar ese amor es el motor que cambia y lleva a plenitud cualquier vida. Os invito a buscar ese amor, os invito a experimentarlo. Lo demás lo pondrá Él, pero tú no serás el mismo. Desde ese momento no podrás vivir sino para ese amor.

  En estos últimos tiempos, escucho con mucha frecuencia que los jóvenes tenéis miedo ante el futuro incierto, que os preocupa lo que pasará mañana y que os sentís descontentos con este mundo en el que vivimos; pues permitidme que os recuerde las palabras del Beato Juan Pablo II, que repetía: “No tengáis miedo. Abrid las puertas a Cristo, abrir de par en par el corazón”. Sí, Cristo cuenta con vosotros, Cristo os quiere y quiere que seáis los hombres y las mujeres que no solo sean futuro, sino que crean  futuro. Queridos jóvenes, el futuro está en vuestras manos, pero es justo que os recuerde que no hay futuro más que en Dios. Cuando Dios falta en la vida del hombre se desmorona el propio hombre, y entonces todo está permitido, hasta la propia destrucción. Así, la historia nos ha demostrado que la ausencia de Dios es el mejor camino para la negación de la dignidad humana. Dios no es enemigo del hombre, Dios es el amigo del hombre, el amigo que camina junto a nosotros, aunque muchas veces lo ignoremos o no lo queramos ver.

  El paso de las quince imágenes de nuestra diócesis nos ha recordado lo mejor de la historia de la humanidad y lo mejor de nuestra propia historia, el patrimonio de nuestra fe que se remonta a los orígenes mismos del evangelio. La belleza de los misterios que hemos contemplado es un reflejo de la belleza eterna que es Dios mismo. La devoción  con la que hemos realizado el Vía crucis es signo de la fe enraizada en nuestro pueblo, la que hemos de transmitir a las nuevas generaciones.

  Agradezco a todos los que habéis hecho posible esta hermosa expresión de nuestra piedad, de nuestra fe. Que Dios os lo pague.

  Con María, cuyo icono de la Salus populi romani, nos preside nos dirigimos a la próxima Jornada mundial de la Juventud que celebraremos (D.m.) en Madrid, con el Papa, el próximo mes de agosto, siempre “arraigados y edificados en Cristo, firmes en la fe” (cfr Col 2,7).

                                                                 + Ginés García Beltrán

                                                                       Obispo de Guadix