Domingo XXIII del Tiempo Ordinario. Ciclo A. 6 de septiembre de 2020

Cuando yo estaba en el seminario, todas las tardes celebrábamos la misa y los formadores predicaban sobre la Palabra de Dios; pero había algo que me molestaba enormemente y es que, no en pocas ocasiones, terminaban sus homilías con una misma frase en un tono grandilocuente y sentencioso: como decía san Agustín, “Ama y haz lo que quieras”. Incluso en alguna ocasión nos las citaban en Latín… Os confieso que a mí, esto me daba mucho coraje porque, esta frase podía dar a lugar a equívocos… yo les pedí, en alguna ocasión, que la situaran en su contexto…. Pero nadie lo hizo.

Con el tiempo, compré las obras de San Agustín (también Internet las proporciona, todas ellas) y estaba deseando buscar la cita y verla en su contexto… y ¡cómo cambia la cosa!

Esta cita: “Ama y haz lo que quieras” se encuentra en la Séptima homilía que dedica San Agustín a la carta de San Juan. Me sorprendió.

San Agustín decía que si una persona tiene que escoger entre recibir disciplina y ser tratada con cariño, todo el mundo elegiría el segundo. Pero nos invita a imaginar que el que disciplina es el padre al hijo y el que da la caricia es un secuestrador. “En ese caso” ´-decía- “es el amor que disciplina y la maldad que acaricia”. Y seguía diciendo:

“Los hechos de hombres se saben solamente por la raíz de caridad. Porque muchas cosas tienen buena apariencia, y sin embargo no proceden de la raíz de caridad. Espinas también tienen flores: unas acciones parecen duras, aun salvajes; pero son hechas para disciplina inspirada por la caridad. Entonces, un precepto breve: Ama y haz lo que quieras - si te callas, hazlo por amor; si gritas, también hazlo por amor; si corriges, también por amor; si te abstienes, por amor. Que la raíz del amor esté dentro de ti y nada puede salir sino lo que es bueno”. (Homilía VII, párrafo 8)

San Pablo, en la segunda lectura, expresa un pensamiento semejante. “A nadie le debáis nada, más que amor; porque el que ama a su  prójimo, tiene cumplido el resto de la ley”. Desde ahí se comprende bien la enseñanza del evangelio de la corrección fraterna. San Agustín lo refiere al explicar el significado del amor. Y habla de que la corrección fraterna es una forma de amor porque quien corrige es el que ama. Un padre que quiere a su hijo, lo corrige. Obviamente no es la única forma de amor, pero es una de las más difíciles. A nadie le gusta ser corregido y a pocos les gusta corregir a otros. Requiere táctica, paciencia, oración, Acompañamiento… Además, requiere humildad porque el que corrige a otros debe abrirse a la corrección.

La calidad de la corrección fraterna es la misma que compone cualquier acto de amor. En los años sesenta tuvimos una idea truncada de amor. Básicamente era un asunto de sentimientos bondadosos… Idea que ha llegado hasta hoy. ¡Cuántos piensan que amar es sentirse bien, que la otra persona saque de ti los mejores sentimientos y que te sientas muy cariñoso y amable!... incluso pensamos que sólo así, entonces estamos amando... pero recordemos las palabras y el ejemplo de San Agustín que demuestra que requiere mucho más. Un secuestrador puede sentirse amable con su víctima, pero ¿quien diría que realmente ama al secuestrado? Una idea distorsionada nos ha llevado a problemas. El amor verdadero implica un examen diario de conciencia; no solamente sentimientos calurosos sino evitar tendencias malas y la cultivación de hábitos positivos. Así podemos comenzar a amar y experimentar la libertad del evangelio. Solo así podemos hacer nuestra la frase de San Agustín: “Ama y haz lo que quieras”.

Y os cuento todo esto porque hoy Jesús nos hace una propuesta en el evangelio. Nos propone unos pasos a seguir cuando encontremos personas que van errados. Y esta propuesta que Jesús nos hace la hemos de confrontar con nuestra vida, con aquello que estamos haciendo o dejando de hacer. Y ver si hay o no desajuste.

“Si tu hermano peca, repréndelo a solas entre los dos”. No dice, “critícalo con los familiares y amigos”, ni dice “ves esparciendo porquería de él”, hasta no nos dice ni que lo juzguemos internamente. ¿Cuántas veces esto es lo que hacemos?

Pues, Jesús no nos propone nada de todo esto: “repréndelo a solas”, acércate a él, y a solas mira de hablarle, de iluminarle, de hacerle entender su error.

¿Qué encontramos en el trasfondo de este modo de hacer? Caridad, Amor. Corriges porque amas. San Pablo nos lo dice en la segunda lectura: “Amarás a tu prójimo como a ti mismo”. ¿Te gustaría que si estuvieras errado te ayudaran, te iluminaran? Sí. Pues, haz tú lo mismo hacia los demás. Corregimos porque amamos. Y ese es el kit de la cuestión…

Me decía el viernes, una madre de la parroquia que me encontré en una tienda... El otro día a mi hija le dije que no a una cosa y ella tuvo la desfachatez de contestarme: “no me quieres”. Yo le pregunté: ¿Qué le ha contestado usted? A lo que me dijo que nada… craso error… porque ese hubiera sido el mejor momento para enseñarle que porque la quiere, porque la ama, le dijo que no…

Es el amor lo que nos lleva a corregir, si lo que nos lleva es el deseo de desahogarnos, de poner los puntos sobre las “íes”, de hacer reproches por un mal comportamiento o –como decimos ahora- porque yo soy muy claro…, entonces, más vale no decir nada.

Como dice San Pablo: “El amor es paciente, es servicial,..., no procede con bajeza, no se irrita,..., todo lo disculpa, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta”. Es el amor lo que nos ha de llevar a corregir.

Corregir es una manera hermosa de amar. Cuesta, es difícil, pero amar lleva a corregir... cuando alguien nos corrige con caridad es porque nos ama... ¿Es este nuestro obrar?

Continúa diciendo Jesús: “Si no te hace caso, llama a uno o a otros dos, para que todo el asunto quede confirmado por boca de dos o tres testigos”. No dice, “si no te hace caso móntale un pollo”, “grítale”, “amenázalo”, “humíllalo”. ¿Cuántas veces hemos hecho todo esto?

Pues, Jesús no nos propone nada de todo esto, sino que pidas ayuda a otros, que dos o tres te ayuden a ver si descubre su error. ¿Es este nuestro obrar?

¿Qué encontramos en el trasfondo de esta manera de hacer? Diversas cosas:

. No resignarnos ante el fracaso.

. El mal debe dolernos, debemos luchar contra él. ¡No nos resignemos!

. Dios quiere que nos ayudemos mutuamente a avanzar en el camino de la vida cristiana.

Continúa diciendo Jesús: “Si no les hace caso, díselo a la comunidad”. La comunidad, la familia del espíritu, también tiene su papel. Formamos parte de una comunidad, y hace falta que entre nosotros haya unas relaciones que nos enriquezcan y nos hagan avanzar.

Tenemos poco sentido comunitario, hemos de avanzar en este camino.

Vale la pena destacar que después de todo el proceso seguido no hay una condena; por eso dice Jesús: “Considéralo como un gentil o un publicano”. Entiendo yo que es decir, considéralo como alguien que se ha de convertir, que ha de cambiar de vida. No es una condena.

No dice “niégale la palabra”, “no le hables”, “hazle la vida imposible”, “amárgale la existencia”, “habla mal de él siempre que puedas”.

Más bien, parece que con las palabras finales haga una exhortación a rezar por aquella persona: “Os aseguro,... que si dos de vosotros se ponen de acuerdo en la tierra para pedir algo, se lo dará mi Padre del cielo. Porque donde dos o tres están reunidos en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos”.

Parece que esté diciendo: “Si la acción de los hombres no ha podido, déjalo todo en las manos de Dios, que Él si lo pides, acaba tocando el corazón de los hombres”.

¡¡Las palabras de Jesús son una exhortación a la oración comunitaria muy bonita!! Nos tendrían que llenar de esperanza. Es la Palabra de Jesús, es la Palabra de Dios. ¡¡Confiemos en su palabra!!

¡Cuánta sabiduría que hay en el Evangelio! ¡Cuántas indicaciones de vida que nos ayudan! ¡¡Esto que hemos visto y hemos oído no nos lo podemos callar!! 

Antonio Travé

MisiTiraCómica2020 36Web