Domingo XXI del Tiempo Ordinario. Ciclo A. 27 de agosto de 2023

Jesús se encuentra en tierra de paganos anunciando el reino de Dios. Después de un periodo dedicado a la evangelización, y teniendo en cuenta las hostilidades que se va encontrando, desea evaluar junto a sus discípulos todo el esfuerzo hecho.


Reunido con los suyos en la intimidad, Jesús quiere saber lo que piensan de él los de fuera (el pueblo) y los de dentro (sus discípulos), para comprobar si su mensaje ha calado en los corazones de la gente y en los de sus seguidores más cercanos.
Las dos preguntas que hace Jesús dejan ver la diferencia que hay cuando se responde desde la fe o cuando se responde sin ella. Jesús elogia a Pedro por su fe y le da la autoridad sobre la Iglesia al ponerlo al frente de la misma.

DESARROLLO
Jesús, tras la muerte de Juan el Bautista, continúa con su actividad evangelizadora en una región de mayoría pagana. Después de un periodo de tiempo anunciando el reino de Dios, Jesús hace una autoevaluación de este trabajo realizado y de los resultados obtenidos, para cerrar esta primera etapa.
Evidentemente hay dudas, confusión y decepción a la hora de valorar si su mensaje del reino de Dios ha calado en los corazones de las personas, porque hay quienes lo rechazan y entienden sus actuaciones como obras del Maligno. También van apareciendo enemigos que ya están viendo el modo de deshacerse de él.
Este momento de crisis interna que vive Jesús lo comparte con sus discípulos en la intimidad, al reunirse con ellos y al hacerles una pregunta fundamental que le ayude a tomar una decisión entre continuar hacia delante con su misión, o abandonarla o cambiar de estrategia.
Jesús tiene necesidad de saber lo que los demás opinan de él, y por eso hace dos preguntas a los discípulos sobre su identidad, pues desea conocer lo que piensa de él el pueblo (la gente) y lo que piensan de él sus discípulos, es decir, su grupo de amigos y colaboradores más inmediatos. La primera pregunta, “¿quién dice la gente que es el Hijo del Hombre?”, la responden entre todos los discípulos y en la respuesta se observa que Jesús es comparado con los grandes profetas de Israel. La segunda pregunta, mucho más directa, “y vosotros, ¿quién decís que soy yo?”, la responde Pedro como portavoz del grupo: “Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios”. Estos dos títulos son la clave de todo el evangelio de Mateo y la profesión de fe de la Iglesia primitiva, que se ha ido transmitiendo a lo largo de los siglos.
Esta escena es recogida por este autor en su evangelio para aclarar la verdadera fe de la Iglesia en cuanto a la identidad de Jesús, pues hay un debate abierto en algunas de las comunidades cristianas primitivas, cuyos miembros, que en su mayoría proceden del judaísmo, no aceptan del todo el mesianismo ni la divinidad del Nazareno. La fe que muestra Pedro, iluminado por el Padre, es lo que le capacita para ponerse al frente del grupo de los discípulos, de la Iglesia, encargo que le hace el mismo Jesús. De esta manera se reivindica la importancia de Pedro y de su misión, y la de sus sucesores los papas.
Este relato ha de llevarnos a nosotros a hacernos la misma pregunta de un modo personal siglos después: ¿Quién es Jesús para mí? Podemos respondernos comparándolo con personajes históricos, públicos, relevantes… o podemos, desde nuestra fe, unirnos a la voz de Pedro y a la fe de la Iglesia que lo profesa como Mesías e Hijo de Dios.

Emilio J. Fernández, sacerdote

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