Domingo XIV del Tiempo Ordinario. Ciclo A. 9 de julio de 2023

Nos encontramos con un relato que consta de tres dichos de Jesús, y que Mateo ha unificado con la intención de subrayar que el Evangelio es la revelación de Dios como Padre; y que los destinatarios de esta buena noticia y los preferidos del Padre son los pequeños, es decir, los que menos cuentan y los que son menos valorados en nuestra sociedad.

Jesús se revela así mismo como el Hijo del Padre, al mismo tiempo que nos revela el corazón de un Dios que ama a los que saben acogerlo. Lo encuentran aquellos que buscan en Dios a un Padre y a un amigo. Dios se ofrece a aquellos que sufren y que están cansados de la vida.

Dios se convierte así en descanso para quienes necesitan encontrar la paz y ser liberados de tantas angustias.

DESARROLLO

El relato de hoy es uno de los que mejor resumen la esencia del Evangelio y nos habla de sus destinatarios. Se trata de un relato que contiene tres dichos de Jesús que probablemente fueron expresados por él en momentos diferentes, pero que de manera intencionada Mateo ha unificado.

- El primero de ellos comienza a modo de oración de alabanza, dirigiéndose al Dios creador de todo cuanto existe (cielo y tierra), de lo invisible y de lo visible. Con toda una experiencia interior y personal de afecto y sentimiento, Jesús se dirige a Dios como “Padre”. 

Desde el comienzo de su misión, Jesús ha ido observando cómo los sabios y entendidos (maestros de la ley, fariseos y sumos sacerdotes), que son una minoría de la sociedad, han rechazado las enseñanzas y los mensajes de Jesús, incluso en ciudades emblemáticamente religiosas como Jerusalén o Cafarnaúm. De ahí que él haya ido comprendiendo que los destinatarios de la Buena Noticia del Padre sean precisamente aquellos que han sabido escucharla y acogerla: los pequeños, últimos y sencillos (los humildes, los pobres, los pecadores, los enfermos…). La fe es un don que se acoge cuando se tiene humildad.

- El segundo de los dichos nos presenta a Jesús como aquel que tiene la autoridad de enseñar y de revelarnos al Padre mejor que ninguno de los mortales, porque él es el Hijo del Padre y en esa relación de amor entre ambos hay también una relación de conocimiento mutuo. Sólo Jesús nos puede revelar a Dios, porque sólo él lo conoce en profundidad.

- El tercero de los dichos se dirige a quienes están cansados y agobiados de la vida. No es fácil la vida, y vivir apasionadamente también desgasta, tritura y hasta nos “quema”, como decimos en nuestro lenguaje de hoy. Pero para Jesús somos más que trabajo, cargo, oficio o profesión. Somos personas, y hemos sido hechos para vivir, disfrutar, amar, servir… La palabra descansar empleada por Jesús no se refiere a lo físico o lo mental, sino a un sentido existencial. No se puede descansar cuando la insatisfacción, la tristeza, el miedo y la culpabilidad nos oprimen. Por eso descansar ha de entenderse como la reconciliación con la vida y con lo mejor de nosotros mismos, para alcanzar la paz en nuestro corazón. Descansar es liberarse de las angustias que producen el egoísmo y el orgullo, abriéndonos a la vida y a las personas. Dios se convierte en nuestro descanso cuando es un Dios que consideramos verdaderamente Padre y amigo.

Emilio J. Fernández, sacerdote

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