Domingo VI de Pascua. Ciclo B. 5 de mayo de 2024

Es lógico que nosotros, a nivel personal y comunitario, nos preguntemos quién somos para Jesús y qué es lo que él espera de cada uno. Es normal que también nos hagamos la pregunta sobre cuál fue el secreto que le llevó a Jesús a cumplir su misión hasta las últimas consecuencias y qué fue lo que le motivó a actuar así, hasta dar su vida. Ese secreto hoy Jesús nos lo desvela en este relato del evangelista Juan. El secreto y el motivo que ha impulsado toda su vida ha sido el amor. 

 

Si anteriormente se nos presentó como el buen pastor o la vid verdadera, ahora se nos presenta como el amigo que nos ama de corazón. Por consiguiente, nosotros para Jesús somos sus amigos porque nos propone una relación de amistad en la que prime el amor. Rechaza entre él y nosotros la relación de esclavos en la que hay opresión, dominio y superioridad. 

El amor que nos tiene Jesús es el amor que tiene él con el Padre; y el amor que a nosotros nos pide en reciprocidad es ese amor. Se trata de una amor en entrega y servicio. No nos trata como a esclavos, desde la opresión, la imposición y el dominio, sino que nos trata como amigos, desde la gratuidad. 

Somos sus amigos porque él nos ha elegido a nosotros. Ser amigos de Jesús es un don y un privilegio que exige responsabilidad y correspondencia. Amar a Jesús es amar al Padre, pero este circuito del amor cristiano se completa con el amor a los demás. Jesús no se conforma con que nuestro amor solo se reduzca a él. El amar a Jesús es también amar a los demás tal y como él nos ha amado, porque, como él dice, "no hay amor más grande que dar la vida por los amigos".

La misión de los amigos y discípulos de Jesús queda clara: es el amor. El amor nos hace permanecer en él. Para Jesús, si no hay amor no hay vida ni misión. Sin el amor en nuestra vida, aunque lo tengamos todo, estaremos vacíos e insatisfechos. Solo daremos frutos si amamos. La nueva Ley es la del amor.

Emilio J. Fernández, sacerdote

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