Domingo II de Adviento. Ciclo B. 10 de diciembre de 2023

Marcos comienza su escrito, el más breve de los cuatro evangelios canónicos, presentándonoslo como “Evangelio”, es decir Buena Noticia; y con la intención de revelarnos, a lo largo de los restantes capítulos de su obra, la verdadera identidad de Jesucristo, que es el Mesías y el Hijo de Dios.

El primer testigo de Jesucristo va a ser Juan el Bautista, que viste como el profeta Elías y se muestra enfrentado al sistema, viviendo de manera nómada, pobre y renunciando a tener privilegios. No es por tanto un personaje atrayente y popular, porque más bien su presencia y su forma de vida son incómodas entonces y ahora.

Juan se encuentra en el desierto, un lugar hostil donde a penas habita la gente y donde no se espera mucho éxito. Pero los que acuden a él lo hacen porque necesitan un cambio en su vida y desean recibir el bautismo de conversión que el profeta administraba. Por consiguiente, se nos invita a retirarnos cada uno de nosotros a nuestro propio desierto en donde podemos escuchar la voz de Dios y encontrarnos con nuestra realidad íntima. En esto consiste “preparad el camino”, en cambiar nosotros para cambiar las estructuras sociales y religiosas, para hacer un mundo nuevo y mejor, para vivir según el Reino de Dios.

La venida de Jesús se nos presenta como Buena Noticia de esperanza, especialmente de vida y de perdón, porque los destinatarios de esta oferta de liberación y de salvación son los pecadores y todo aquel que desea descubrir a Dios a través de Jesús.

El relato resalta, sobre todo en su parte final, que la humildad es la actitud que cada creyente ha de tener para encontrarse con Dios y también para relacionarse con los demás.

Emilio J. Fernández, sacerdote

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