Domingo I de Cuaresma. Ciclo B. 18 de febrero de 2024

Este relato del evangelista Marcos, en el que se nos narra la escena de Jesús en el desierto durante cuarenta días con sus noches, está compuesto de manera breve y con unas frases cortas y a modo de flases, diferenciándose de los relatos de Mateo y de Lucas que tratan el mismo tema de forma más detallada y ampliando la información.

 

Una vez que Jesús ha sido bautizado por Juan en el río Jordán y después de esta experiencia fuerte en la que Jesús es presentado por el Padre como su Hijo amado, “inmediatamente”, así lo expresas Marcos, el Espíritu lo lleva al desierto donde también tendrá una experiencia larga, intensa y decisoria.

El desierto en el lenguaje bíblico, más que un lugar es una etapa en la vida del ser humano que lucha contra el mal pero ayudado por Dios. Es un momento de crisis, de búsqueda de respuestas y de discernimiento, que provoca un cambio y conduce a una nueva etapa.

Jesús es tentado durante toda su estancia en el desierto, porque va a tener muchas opciones ante la llamada de Dios y ha de optar por el camino que mejor le ayude a ser fiel al reino de Dios. Así, pues, Marcos subraya que toda la vida y misión de Jesús está llena de tenciones.

Todo bautizado nos llenamos del Espíritu Santo que nos acompañará toda la vida, pero al mismo tiempo nos llevará al centro de nuestra historia y de nuestro ser humano, donde sentiremos nuestra debilidad y fragilidad al ser puestos a prueba en más de una ocasión, pues siempre tendremos la oferta de Dios y, al mismo tiempo, la del Tentador. Sólo con la ayuda de Dios, a través del Espíritu Santo, podremos sentir esa transformación que nos hace ser más auténticos en nuestra misión de anunciar la buena noticia del reino de Dios con una vida en total radicalidad y fidelidad evangélica.

Emilio J. Fernández, sacerdote

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