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D. Fráncico Jesús Orozco en la reunión de la Comisión Episcopal para los Laicos, Familia y Vida, que termina hoy en Madrid

D. Francisco Jesús Orozco ha participado, los días 2 y 3 de julio, en Madrid, en una reunión de la Comisión Episcopal para los Laicos, Familia y Vida, que preside Mons. Carlos Escribano, obispo de Calahorra y la Calzada-Logroño. El obispo de Guadix pertenece a esta comisión desde las últimas elecciones en la Conferencia Episcopal, a comienzos de marzo de 2020, poco antes de que se declarase el estado de pandemia.


El encuentro celebrado en Madrid ha servido para programar el nuevo curso en el que se quiere impulsar las conclusiones de la ponencia final del post-congreso de laicos que tuvo lugar el pasado mes de febrero.
Pertenecen a esta Comisión Episcopal para los Laicos, Familia y Vida los siguientes obispos:


Presidente: Mons. Carlos Escribano
Presidente Subcomisión Episcopal Familia y Defensa de la Vida: Mons. José Mazuelos
Presidente Subcomisión Episcopal Juventud e Infancia: Mons. Arturo Pablo Ros

Miembros:
Mons. Juan Antonio Reig
Mons. Ángel Pérez Pueyo
Mons. Francisco Orozco
Mons. Sergi Gordo
Mosn. Santos Montoya
Mons. Francisco Gil Hellín

Promoción del laicado
La Comisión Episcopal de Apostolado Seglar se denomina, desde marzo de 2020, Comisión Episcopal para los laicos, familia y vida.
Esta Comisión se constituyó en la reunión plenaria celebrada en julio de 1965. Desde entonces, ha realizado un arduo trabajo de promoción y consolidación de apostolado laical, sobre todo el asociado. Con fidelidad a las orientaciones tanto de la Santa Sede como de la Conferencia Episcopal Española, presta sus servicios a las diócesis y asociaciones de laicos para que puedan lograr los objetivos que se plantean en el vasto campo laical.
Tiene una doble perspectiva, por un aparte, la comunión eclesial –comunidad evangelizadora- y de la corresponsabilidad en la vida y misión en la Iglesia, y por otro lado, la misión de la Iglesia –acción evangelizadora- y presencia de los laicos en la vida pública, impulsando la adecuada formación de éstos.
En la actualidad se puede afirmar que el gigante dormido que era el laicado hace unos lustros, da señales inequívocas de un despertar y de una nueva primavera eclesial.