El sacerdote en un Hospital ofrece esperanza ante la enfermedad

 

Como cada 11 de febrero, día de Nuestra Señora de Lourdes, se celebra en toda la Iglesia la Jornada Mundial del Enfermo, una jornada que se vive muy de cerca con aquellos enfermos que se encuentran hospitalizados. Como capellán del Hospital Comarcal de Baza desde el año 2011, vivo este día con una cierta “esperanza”. Todos los que formamos parte del Hospital Comarcal, somos como una gran familia,  donde todos, cada uno con sus responsabilidades y su trabajo, pretendemos hacer que el enfermo se encuentre siempre y en todo momento acompañado y recibiendo apoyo y esperanza ante su enfermedad.

         Es de destacar el lema de este año: “Acompañar en la soledad. Un lema muy importante que nos ha llamado la atención, porque, si vemos el mundo que nos rodea, podemos comprobar que hay muchas personas que se encuentran vulnerables con la realidad de la soledad cada día de su vida; es decir, están completamente solas, sin familia ni amigos que puedan acompañarlos, sobre todo cuando padecen o sufren enfermedad. Por ese motivo, creo que este año la Jornada del Enfermo nos ayuda a pararnos un poco de nuestros quehaceres de vida, a mirar a nuestro alrededor y a estar al tanto de aquellos que necesiten de nuestra compañía, como lo hacía Jesús cuando acudían a él todos aquellos necesitados y desamparados. La presencia del sacerdote en el Hospital es muy importante a la hora de la verdad, porque el paciente enfermo, que es el que sufre y padece la enfermedad,  muchas veces se encuentra solo ante esta realidad en su propia persona y necesita escuchar y sentir la cercanía de Dios por medio del sacerdote y los Sacramentos. Por eso, muchos de ellos solicitan al sacerdote para que le dé ese consuelo y escuchar sus palabras de perdón, misericordia y esperanza.

En el Hospital de Baza, hay enfermos todos los días del año y muchos de ellos solicitan al capellán: una petición que hace imprescindible la presencia del sacerdote. Por tanto, quiero que en el día de hoy, día de la Virgen de Lourdes, tengamos muy presentes a todos los enfermos, para desear que los enfermos y sus familias, que también sufren y muchas veces necesitan esas palabras de aliento y cercanía del sacerdote, sientan que tienen un lugar muy importante en la vida de la Iglesia, en las comunidades parroquiales y, sobre todo, en el corazón de Cristo y de María.

La salud es un gran tesoro que debemos de conservar, cuidar y valorar en nuestra vida. Pero, si la vivimos unida a la fe, nos ayudará también a ser más fuertes ante la enfermedad, que tarde o temprano nos va a llegar debido a nuestra propia naturaleza humana caduca. La celebración del Día del Enfermo es un buen momento para acompañar, visitar y dar esperanza en Cristo a nuestros hermanos enfermos y a valorar nuestra propia vida.

Quiero terminar con las palabras que dijo el papa Francisco en una ocasión con motivo de esta festividad: la figura de la Virgen María, “consoladora de los afligidos”, nos ayuda a iluminar a la Iglesia en su compromiso diario en favor de los necesitados y los que sufren. Hoy, más que nunca, debemos potenciar el respeto, la integridad y la dignidad de las personas, protegiendo a las más débiles, como son los enfermos. Que Nuestra Señora de Lourdes acompañe a todos los enfermos, sus familiares y a todo el personal sanitario para que encontremos en ella la fortaleza necesaria.

Rafael Tenorio Olea

Capellán Hospital Comarcal de Baza