“El Evangelio se escribió para que los pobres y humildes lo puedan entender”: entrevista a José María Tortosa

José María Tortosa es un sacerdote de la diócesis de Guadix que ha estado escribiendo los comentarios al Evangelio del domingo para la web de la diócesis de Guadix, durante un ciclo litúrgico completo. Comenzó en el adviento de hace tres años y lo ha terminado al finalizar el ´último año litúrgico, el pasado de noviembre, fiesta de Jesucristo Rey del universo. Pertenece, además, a la Asociación de Sacerdotes del Prado. En la actualidad, ejerce su ministerio pastoral en una parroquia de la ciudad de Roma, desde el pasado mes de septiembre. Es natural de Cúllar y tiene 54 años. Le preguntamos sobre su labor pastoral estos tres años comentando el Evangelio de cada domingo.

 

- Acabas de terminar la publicación de los comentarios al Evangelio del domingo en la web de la diócesis de Guadix. Han sido tres años, semana tras semana ¿qué se siente al terminar, después de esos tres años intensos de un trabajo constante?

Bien dices, recién terminados los comentarios las sensaciones son múltiples, a saber: por una parte, un poco de vacío porque ya tenías un quehacer concreto, en un momento concreto, para una gente concreta; por otra parte, un poco de descanso sin la presión de semana tras semana; y, finalmente, alegría por haber podido compartir tantas experiencias y reflexiones que se viven en solitario. Alegría porque, poco a poco, se ha ido incorporando gente a la lectura y reenvío de los comentarios para amigos suyos.

- No debe ser fácil poner por escrito, cada semana, lo que dice el Evangelio al hombre de hoy. ¿O sí?

Fácil no hay casi nada, todo merece su esfuerzo y dedicación. “Para Dios nada hay imposible,,, jajaja, -Dios me libre de sentirme como un dios-. Si le pones entusiasmo y mucho amor, las cosas se van haciendo más llevaderas. Pero sí, no es fácil comunicar la experiencia de Dios al mundo de hoy.

- ¿Cómo preparabas los comentarios? Imagino que habría estudio previo, oración,… mucho trabajo.

De todo lo que dices un poco o un mucho, dependía del tiempo, pero casi siempre hacía una primera lectura del Evangelio y de todas las lecturas del domingo, luego un poco de lectura de otros comentarios (casi siempre unos tres diferentes) y por último un rato de oración con lo escrito. Y… antes de enviarlos una nueva lectura por si había que corregir algo o añadir. Pero con el tiempo se ha convertido en algo muy llevadero.

- Perteneces a las Asociación de Sacerdotes del Prado, que valoran mucho el estudio del Evangelio. ¿La metodología de esos estudios en el Prado se ha dejado ver en estos comentarios que has hecho a los Evangelios?

¡Claro! en la Asociación del Prado estamos habituados a hacer Estudio de Evangelio diario, un estudio que te lleve a conocer y seguir más de cerca a Nuestro Señor Jesucristo, para poderlo transmitir a la gente sencilla; por lo tanto esta metodología me ha ayudado muchísimo a preparar los comentarios, pese a la dificultad de poner por escrito, en un lenguaje inteligible y llevadero lo estudiado, meditado y orado para poder llevarlo a la práctica.

- Imagino que habrás recibido muchas valoraciones de los usuarios de la web de la diócesis a tus comentarios del Evangelio cada semana.

Muchos, muchos no, pero sí he visto que se compartían bastante y lo han visto más de 300 personas, de media cada semana. Ya me parece bastante.

Ha habido valoraciones constantes, gente que semana tras semana te animaba a seguir adelante y a no dejar de hacerlos. A otros les ha servido para saludar o para decir alguna palabra por su parte Pues bien, creo que es interesante todo esto que ha ocurrido y lo agradezco muchísimo. Debido a ello, sigo haciendo comentarios los domingos, pero más breves. También añado preguntas que ayudan a la reflexión. Y, como novedad, los voy incorporando a Twitter, en el espacio de un tuit.

- Sin embargo, los cristianos hoy acuden poco a los Evangelios, ¿no te parece?

Los cristianos han acudido a los Evangelios siempre muy poco. Quizás hoy se lean más que en otros tiempos. La Iglesia jerárquica ha favorecido eso porque, según mi entender, partían de la idea de que para la gente era difícil entenderlos. Gracias al Concilio Vaticano II se devolvió el Evangelio a la gente, a los fieles, y hoy en día hay más conciencia de lectura y acercamiento a los textos sagrados, para encontrar ahí la experiencia de Dios que los primeros cristianos nos han transmitido y poderla revivir cada uno de nosotros. En esto, la Iglesia, ha dado un gran paso y no se puede dar marcha atrás, aunque algunos lo pretendan y sigan creyendo que el cristiano no está capacitado para leer, entender y vivir la Palabra de Dios, si no es a través de una explicación especializada. Nada más falso, el Evangelio se escribió para que los pobres y humildes lo puedan entender y por esto el Señor se alegra (cf. Lc 10,21).

- ¿Qué tendríamos que hacer para recuperar la lectura de la Palabra de Dios en el día a día?

Lo primero es empezar a hacerlo, creo que ya se hace bastante, nosotros mismos. Y hacerlo también en todos los encuentros que tengamos en las parroquias, asociaciones y movimientos cristianos: se puede empezar o terminar las reuniones con un pasaje evangélico y un rato de comentario compartido. Segundo, podría estar expuesta a la entrada de las iglesias o en algún lugar reservado para ello; en las casas habría que sacarla de la estantería y tenerla en algún lugar visible y de fácil acceso, así como procurar que sean biblias de fácil manejo.

- ¿Nos animarías a leer textos de los Evangelios? ¿Cómo habría que comenzar?

Con todo lo dicho es obvio que os animo, así que no hay más comentarios. Se puede comenzar llevando un trocito de Evangelio siempre contigo. Suelo regalar a la gente un cofre con pequeños trozos de Evangelio para que lo tengan en un lugar visible y cada día elijan un texto y lo lleven consigo todo el día para saborearlo y sentir cercana la Palabra de Dios en tu vida que te ilumina siempre. Ahora los estoy preparando en italiano para ofrecerlos en la nueva parroquia a la que estoy destinado, con la Asociación de Sacerdotes del Prado, en la periferia de la ciudad de Roma.