Vigésimo quinto Domingo del Tiempo Ordinario. Ciclo C. 22 de septiembre de 2019

“LEVANTAR AL DESVALIDO Y ALZAR AL POBRE”

Si nos dejamos llevar por el refrán popular, “nadie se hace rico siendo honrado”, queremos expresar -con San Lucas- que las riquezas son el injusto dinero conseguido que provoca pobreza, explotación, abusos y otras cosas más a las que estamos acostumbrados en nuestro mundo de hoy, miremos donde miremos.


También en otros tiempos esto ha ocurrido, como vemos en toda la Palabra de Dios de hoy y del domingo que viene, por lo que continuamente hay que estar alerta y “hacer oraciones, plegarias, súplicas por la humanidad entera, por todos los que ocupan cargos, para que llevemos una vida tranquila y sosegada, con un máximo de piedad y decencia” (1Tim 2,1-8). Es necesario pedir a Dios y trabajar para que el dinero, las riquezas y los bienes sean justamente administrados y puestos al servicio del bien común, especialmente, para levantar al pobre y subdesarrollado.
De sobra sabemos –por los múltiples informes publicados- que está en manos nuestras el poder erradicar la pobreza en el mundo, pero nos da la sensación de que poco nos importa y se hace lo mínimo en esa dirección. No tendría que pasar un día de nuestra vida en que, a modo de cadena humana, emitamos mensajes denuncia de estas situaciones de extrema pobreza que viven muchísimos hermanos nuestros: cayucos, pateras, guerras, explotación infantil, esclavitud laboral, prostitución, hambre, sed, tráfico de drogas… Con el profeta Amós (8,4-7) nos sumamos a la denuncia de las injusticias sociales en una sociedad rica y segura de sí misma. Ante el hermano necesitado, no podemos mostrarnos indiferentes ni pasar de largo como si no fuera con nosotros. Por nuestra fe en Cristo Jesús que entregó su vida por un amor incondicional y preferencial a los pobres, nosotros también hacemos estas opciones acompañados del amor de Dios a través del Espíritu Santo que Jesús nos dejó. Por amor a todo ser humano, nos dejamos la vida, siendo buen pan, partido y comido (A. Chevrier) en cada Eucaristía, “fraterna y subversiva” (Obispo Casaldáliga). Levantamos al pobre y desvalido (Salmo 112,6-8) de sus situaciones de pobreza y en ello radica nuestra felicidad y nuestro seguimiento de Jesús, el Mesías. Hay que decidirse con urgencia, darse cuenta de la situación que se vive para actuar con sensatez y prestar mucha atención al uso que hacemos del dinero.
En el Evangelio de hoy (Lc 16,1-13) descubrimos que Jesús propone imitar, no la incompetencia y el derroche de sus bienes, sino la sagacidad con que procedió el administrador. Con esa actitud imaginativa y creativa se aseguró un porvenir bastante sensato. Utilizó su comisión por el trabajo desempeñado para reducir la deuda. Así, el cristiano, sirviéndose del injusto dinero, compartiéndolo podrá ganarse amigos y el Reino de Dios, si pone imaginación e ingenio.
Me da la impresión que este tipo de lecturas de la Palabra de Dios nos incomodan un poco y ponen en cuestión nuestra escala de valores, pero fácilmente las adaptamos y pensamos que esto no va con nosotros, pues no nos consideramos ricos, ya que tenemos lo justo para vivir y vamos tirando como podemos, con alguna que otra deuda o hipoteca. La cosa está en que, si esto ocurre, escuchar estas lecturas no estará de más si nos lleva a revisar lo que hacemos con nuestro dinero y cómo lo estamos ganando y, por supuesto, gastando.
Renunciar al dinero, a las riquezas, tiene sentido, si es para optar por la posibilidad de que podamos vivir como hermanos e hijos de un mismo Padre que nos envió el Espíritu para que podamos amarnos unos a otros y jugarnos la vida en el servicio y entrega mutua hasta que consigamos una sociedad más justa y más preocupada por la dignidad y la felicidad de cualquier ser humano. Es por eso que, “no podéis servir a Dios y al dinero” (Lc 16,13).
José Mª Tortosa Alarcón. Párroco de Jérez del Marquesado, Albuñán y Cogollos
PREGUNTAS:
1. ¿Somos generosos con nuestro dinero?
2. ¿Qué opciones definen el uso de nuestro dinero?
3. ¿Cómo trabajo por la justicia y la dignidad de los empobrecidos y marginados?

 

Dibujo de Miguel Redondo. Comentario de José María Tortosa. Y preguntas para la reflexión.