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Justificación de un centro de interpretación dedicado a la figura de Torcuato Ruiz del Peral en la Iglesia de San Francisco de Guadix

San Antonio, de Torcuato  Ruiz del Peral. Museo de la Catedral
San Antonio, de Torcuato Ruiz del Peral. Museo de la Catedral
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¿Por qué la Figura de Ruiz del Peral?

El 16 de mayo de 1708 nació en la cercana población de Exfiliana, Torcuato Ruiz del Peral, cuando comenzaba un nuevo siglo y empezaba a reinar en el trono de España una nueva dinastía.

Nada sabemos sobre la infancia de Torcuato, sí que era hijo de labradores acomodados, el sexto de nueve hijos, nacidos del matrimonio entre Nicolás Ruiz y Jerónima del Peral, al parecer a los 14 años se traslada a Granada y con 17, consta que está de aprendiz en el taller granadino de Diego de Mora, donde vivirá y aprenderá el oficio de imaginero. A la edad de 29 años, sabemos que tiene taller propio en la ciudad de Granada; este taller se mantuvo activo hasta su muerte, acaecida el 6 de Junio de 1773. Cuando contaba con 65 años de edad, fue sepultado en la iglesia de San José de Granada. Por la partida de defunción sabemos, además de que fue un buen artista, que fue un artista de éxito. Ya que sus exequias especifican que se entierró a “Apino” y deja mandado también, que se celebren 150 misas por el eterno descanso de su alma. Según historiadores como José Cecilio Cabello Velasco, fue un católico fervoroso y un artista que puso sus amplios conocimientos y las grandes facultades que tenía al servicio de la piedad y la religión Católica.

Su figura.

Su figura tiene el doble carácter de epígono y epílogo:

Epígono, en cuanto a seguidor y heredero de un estilo anterior a él. En lo que se ha denominado: “La escuela Granadina”, que contó con personajes tan ilustres como Pablo de Rojas, Alonso de Mena, su hijo Pedro de Mena, Alonso Cano, Pedro Atanasio Bocanegra, Juan de Sevilla, la familia de los Mora, José Risueño…

Beberá del barroquismo granadino, lo mismo que de Benito Rodríguez Blanes, sacerdote que fue de la iglesia de los Santos Justo y Pastor, para la que tanto trabajó el maestro Ruiz del Peral. Aprendió en la obra de Alonso Cano la mesura y brillantez de su policromía.

Su obra está cargada de tradiciones e influencias, como se puede reconocer en los rostros ovalados, las narices pronunciadas, bocas pequeñas y cerradas, en el caso de las imágenes marianas; y pómulos marcados y barba partida, en el caso de las imágenes de Cristo.

Epílogo, porque después de él, la llamada Escuela Granadina no tuvo a nadie que la continuara con la brillantez y cuotas de calidad que este había alcanzado. Y a la vez, también, aporta unas características singulares que le son propias, como es el exquisito tallado del pelo; un gusto especial por los modelos geométricos, una brillante policromía llena de delicados matices y muy preciosista; movidos y amplios ropajes con bordes aristados; no dudará añadir a sus imágenes, postizos para añadir mayor efectismo, como telas encoladas, encaje de hojilla en el borde de los mantos, ojos de cristal, pestañas, etc., conjugando así un realismo agudo y teatralizante.

En sus imágenes de pasión, el dolor es contenido, sereno, muy cercano a la estética estremecedora y con un “realismo inmisericorde” cuando la escena a interpretar lo requiere, como es el caso de la degollación de San Juan Bautista de la Catedral de Granada o de Cádiz. Las imágenes de sus Santos son de una profunda espiritualidad, llenas de misticismo, expresado mediante un rostro trasformado en mirada estática y perdida que ayudan a crear en el fiel un estado de serena quietud y elevada piedad. La Belleza además de una cualidad estética es un atributo moral, que Ruiz del Peral irradia desde la expresión del rostro y las manos. Huye de todo efecto histriónico o banal, que vaya en detrimento de la religiosidad de la escultura. Sus obras son más que obras de arte, son intuiciones donde los santos cobran vida en sus imágenes. Y en esto, Torcuato tuvo un don cuasi divino, poner aliento, alma, vida a la materia.

Su obra está extendida por toda la geografía andaluza y española. La mayor producción de sus obras, se realizaron para la ciudad de Guadix y Granada. La discreción plástica de sus seguidores, como la generalización de las nuevas tendencias academicistas, hacen de su figura el broche de oro del Barroco Granadino.

Las imágenes de sus Santos

La Iglesia de Guadix y sobretodo, la Catedral y el templo de San Francisco fueron incondicionales del Maestro, de tal modo, que se convirtió en el artista por antonomasia para realizar las obras o las imágenes de culto, en el periodo en que Torcuato estuvo activo. De esta relación con la catedral es notoria la estrecha amistad que unió a Ruiz del Peral con canónigo y también artista Antonio Moyano, autor del medallón de la Encarnación de la fachada principal de la catedral accitana, y miembro de la Real de San Fernando; al que Torcuato nombra en su testamento albacea de todos sus bienes junto a su esposa, Beatriz Trenco.

La Catedral guarda la mejor obra de juventud de Torcuato, los dos magníficos púlpitos esculpidos en piedras semipreciosas y su postrera obra, el coro catedralicio, con una novedosa singularidad, la aprensión en la escultura de la técnica pictórica. Lo que hace nuestro artista es contar con la luz para someterla al dominio estético, orientando planos y superficies, disponiendo concavidades y convexidades distribuyendo masas y volúmenes, creando de esta manera un espacio envolvente y una atmósfera trasformada en la luz y por la luz.

De igual modo la iglesia de San Francisco encontró en Torcuato Ruiz del Peral al fiel intérprete de su visión plástica de la religión. La orden franciscana, incondicional de su valía le favoreció ampliamente con sus encargos.

De su gubia, salieron para la iglesia de San Francisco obras tan brillantes como San Antonio de Padua, de un barroco estremecedor y con una sinuosidad de puntos de vista inimaginables. La Inmaculada Concepción, para la cofradía del mismo nombre. San Buenaventura, San Francisco Solano, Santa Rosa de Viterbo, y la que es sin duda la obra cumbre en Guadix, la maravillosa Dolorosa sedente, hoy llamada Virgen de la Humildad, que en sus ojos de dolor enrojecidos por las lágrimas, más que ver, nos hacen sentir la pena.

Este artista, junto con al arquitecto Lorenzo Rodríguez, es el más relevante de cuantos en las tierras de Guadix surgieron, y fue y sigue siendo un nombre insoslayable para entender la imaginería barroca de la centuria del XVIII granadino, y muy especialmente en la ciudad y diócesis de Guadix.

El continente: La Iglesia de San Francisco:

Se trata un templo de una sola nave, separada mediante arco de triunfo del presbiterio. Mecenas de esta iglesia fueron la mayoría de las familias nobiliarias de ciudad de Guadix, pero sobre todo la familia Pérez de Barradas y Figueroa, la cual tenía derecho de enterramiento en la cripta mayor. La iglesia como casi todas la de la Ciudad, luce una importantísima armadura mudéjar. La de la nave central es un gran artesón con limas moamares a los pies, que se ochava sobre pechinas planas, decoradas mediante lacerias, junto al arco de triunfo del presbiterio. Cuenta con seis pares de tirantas dobles apeinazadas, además la armadura tiene labor de jaldetas y copulín mocarabe, la armadura de la capilla principal o presbiterio es de estructura ochavada apeinazada con forma de estrellas y cruceras, exceptuando el almizate con forma de ruedas de ocho. Y en el centro una piña de mocárabe. En el arrocabe están los escudos de la familia Pérez de Barradas y Figueroa

La iglesia de San Francisco, gracias a las Hermanitas de los Ancianos Desamparados, salvó de la destrucción en la Guerra Civil Española la imaginería religiosa que esta poseía. De tal modo que las obras que en Guadix se conservan de Torcuato Ruiz del Peral, pertenecen casi en su totalidad a esta Iglesia. Crear en este templo el centro de interpretación Torcuato Ruiz del Peral, nos posibilita, en primer lugar, revindicar la figura artística de Torcuato, para la tierra en la cual nació y para la ciudad que confió en él desde su juventud hasta su muerte, apoyándolo con sus encargos. En segundo lugar, permitiría contemplar la obra plástica de Torcuato en el contexto para el que las imágenes se realizaron, y tercero, se pone en valor cultural una de las mejores obras arquitectónicas mudéjares cual es la iglesia de San Francisco mandada construir por los Reyes Católicos en 1490, declarada Monumento Nacional en 1931.

¿Cómo se conformaría la exposición?

El espacio expositivo se desarrollaría ocupando las capillas, el presbiterio y la sacristía, dejando la nave central libre y diáfana, en ellas se contextualizaría la figura de Torcuato Ruiz del Peral dentro de lo que es la llamada Escuela Granadina, y sobre todo, de lo que fue la obra de Diego y José de Mora, principales fuentes estéticas de las que es deudor. El capítulo central, será el catálogo de obras de Torcuato, hoy depositadas en el museo de la Catedral de Guadix y la reproducción por distintos medios actuales de sus obras más importantes, situadas fuera de Guadix o destruidas a causa de la Guerra Civil, como puede ser la imagen destruida la Virgen de las Angustias, Virgen de Belén y la imaginería coral de la Catedral accitana, o la conservada de Santa Mará de la Alhambra y algunas otras. Un tercer bloque sería relacionar el arte de Torcuato con artistas de su misma época de la escuela murciana y sevillana. Para terminar con los nombres más destacados que siguieron a Torcuato Ruiz del Peral, como puede ser Agustín Vera Moreno y otros.

Conclusión

Este Centro de Interpretación Torcuato Ruiz del Peral sería de especial singularidad, ya que, en Andalucía no hay ningún otro dedicado en exclusiva a la figura y obra de un artista imaginero. Y fuera de nuestra tierra solo existe el museo Salcillo de Murcia.

 

Antonio Fajardo

Párroco de San Miguel, en Guadix. Canónigo y Director del Secretariado de Arte Sacro y Patrimonio