Domingo V de Cuaresma. Ciclo B. 17 de marzo de 2024

 

Tenemos la composición de dos episodios que han sido unidos por su coincidencia en la temática teológica de “la hora”, tan presente en el evangelio de Juan. La hora es el momento en el que el Padre manifiesta su “gloria”, que consiste en entregar la vida y coincide con la muerte de Jesús en la cruz, en la hora sexta, cuando se sacrificaban los corderos en el Templo para la Pascua.

El primer episodio de este relato es el de los griegos que buscan a Jesús (versículos 20-26), y hace referencia a la situación posterior a la muerte y resurrección de Jesús, en la que el Evangelio se anuncia al mundo griego, es decir, más allá de las fronteras judías, como una apertura al mundo de los gentiles. En esa tarea participaron de manera considerable, hasta dar su vida por ello, los dos discípulos que aparecen mencionados: Felipe y Andrés. Por consiguiente, seguir a Jesús consiste en continuar su obra evangelizadora dando la vida para que el Padre sea glorificado.

El segundo episodio nos habla del abatimiento de Jesús ante su muerte (versículos (27-36). El cuarto evangelio no contiene la escena del Huerto de los Olivos para no mostrar la debilidad humana de Jesús cuando lo que pretende dicho evangelio es mostrarnos a Jesús como el Señor, con autoridad y dominando la escena de la Pasión. Pero el evangelista no podía dejar de hacer al menos una alusión a este episodio tan recordado por la tradición. El autor lo resuelve evocando Getsemaní al mostrarnos a Jesús en angustia, oración al Padre y aceptación de la muerte, subrayando la obediencia de Hijo al Padre, tan característico del evangelio joánico.

La hora es el momento del Padre que Jesús hace suyo. Desde ahí hay que interpretar todos los dichos y hechos de Jesús, pues toda su vida está encaminada hacia esa hora en la que entrega su vida al Padre por nosotros, como el Cordero de Dios que pone fin a la antigua Pascua e inaugura la Pascua nueva y definitiva. La hora-muerte no es fracaso sino gloria, el triunfo del amor, del grano que muere por amor y da fruto, pues el sufrimiento por amor no es estéril.

Ser discípulo de Jesús es desgastar tu vida amando. Por amor también se sufre cuando el dolor del otro lo haces tuyo o lo acompañas en ese dolor. No nos cansemos de amar, aunque a veces duela.

Emilio J. Fernández, sacerdote

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Modificado por última vez enDomingo, 17 Marzo 2024 08:40