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Homilía del Obispo de Guadix, Mons. Ginés García, en la Solemnidad de la Virgen de la Piedad, en Baza

SOLEMNIDAD DE LA SANTÍSIMA VIRGEN DE LA PIEDAD, CO-PATRONA DE LA CIUDAD DE BAZA

HOMILÍA

Baza, 8 de Septiembre de 2017

Queridos hermanos sacerdotes.
Ilmo. Sr. Vicario General y predicador este año de la Novena.
Rvdo. Sr. Arcipreste.
Rvdo. Sr. Rector de este templo y Consiliario de la Hermandad de Ntra. Sra. de la Piedad.


Queridos religiosos, religiosas y sociedad de vida apostólica.
Hermana mayor y Junta de Gobierno; hermanos y hermanas de la Hermandad de la Virgen de la Piedad de Baza.
Hermano mayor y Hermandad de la Virgen de la Piedad de Guadix. Saludo de un modo especial al Cascamorras, sucesor del accitano Juan Pedernal, que no te llevas la imagen de la Virgen pero te la llevas a ella misma en el corazón.
Hermandades y Cofradías
Saludo con sincero afecto al Sr. Alcalde de Baza y a los miembros de la Corporación Municipal. Mi saludo también a las dignas autoridades que nos honran con su presencia.
Hermanos y hermanas en el Señor.

Nos convoca un año más la Virgen Santísima que veneramos bajo la advocación de la Piedad. Al celebrar la fiesta de su nacimiento nos congregamos en torno a su imagen que acompaña el camino diario de la Iglesia, y el de tantos y tantos bastetanos.

Por más que dijéramos de la figura de María, no tendríamos vida suficiente para cantar su grandeza escondida en la pequeñez de la que se ha llamado a sí misma la Esclava del Señor. La grandeza de María, como la de una madre, está en su corazón, en la capacidad de acogida, de escucha, de entrega. Las puertas de la casa materna no se cierran nunca, siempre están abiertas a los hijos.

Pues aprovechemos estas puertas abiertas, queridos hermanos, para adentrarnos en el corazón de la Virgen y enriquecernos con su experiencia de fe, con su protección maternal.

1. La genealogía de Jesucristo según el evangelio de san Mateo que proclamamos cada año en esta fiesta, introduce la figura de María, la mujer, en la historia de la humanidad, una historia de gracia y salvación, pero también una historia de pecado y de ruina.

María es el arca preciosa de la alianza, que en medio de la dificultad del camino de la historia humana porta a Jesús preservado pero solidario del destino del mundo y de los hombres. En la genealogía aparecen cinco mujeres, cuatro de ellas heridas por el mal y el pecado; mujeres que viven en su propia carne la contradicción de la condición humana. María aparece y resplandece como la Inmaculada, el canal por el que Dios ha querido introducirse en el mundo. María es así mediadora de la salvación. María participa con su Hijo y por su Hijo en la salvación de los hombres.

Vivir un camino de perfección, de santidad, en medio del mundo no es buscar salir de él, ni vivir al margen. Todo lo contrario, el camino de perfección cristiana es vivir en el mundo, en medio de los hombres, siendo fermento de un mundo nuevo, colaborando con la gracia de Dios en la edificación de la civilización del amor. Hemos de huir de la tentación de una Iglesia replegada en sí misma, obsesionada por sus propios problemas, que mira al mundo desde un puritanismo que es sólo espejismo. La Iglesia tiene su lugar en el mundo, está llamada a salir a los cruces de los caminos a anunciar a Cristo a los hombres, preocupada de lo que pasa en el mundo y solidaria como el buen samaritano de tantas personas que han caído y quedado en los bordes de la sociedad. Necesitamos comunidades cristianas proféticas y hogares abiertos a los que buscan sentido. María es un precioso ejemplo de la Iglesia en salida.

2. La genealogía de Cristo nos muestra también la participación de la Virgen en la vida del Señor, como habéis ido reflexionando a lo largo de los días de la Novena. María acompaña los pasos del Hijo de Nazaret a Jerusalén, de la Encarnación a la Pascua. Algunos teólogos han escrito que la vida de María es el quinto Evangelio, porque su existencia está unida a la de su hijo. Los misterio de la vida de Cristo, como rezamos en el Rosario, son los misterio de la vida de la Virgen. Asociada indisoluble a Cristo ha recorrido un camino de fe y se ha convertido para nosotros en testimonio para el camino de toda vida en Cristo.

Caminando con María vamos por buen camino en la vida cristiana. Ella con delicada fortaleza nos acompaña en el seguimiento de Cristo. ¿Cómo seguir a Cristo?, podemos preguntarnos, como lo siguió María. El camino del seguimiento del Señor es un camino de identificación: ser con Él, estar con Él, compartir con Él hasta su propio destino. A María no le asustó el destino de cruz de su hijo; lo vivió en el sufrimiento, pero no se dejó vencer, no perdió la esperanza. ¿Por qué dejamos, hermanos míos, que nos roben la esperanza?, ¿por qué ante la cruz nos dejamos vencer?.

El éxito no es un nombre de Dios, decía el teólogo suizo Karl Barth. Es verdad, el fruto de la gracia no se mide por el éxito humano. Muchos de nuestros contemporáneos cifran su vida en los éxitos, y el resultado es, tarde o temprano, el desfonde de la existencia, la depresión que llena todo de sin sentido. Un creyente, un servidor público, un padre de familia, no puede medir su vida por los éxitos, sino por la voluntad de servicio y entrega. Ese es el verdadero éxito. La Virgen no fue un personaje exitoso en la sociedad palestina de su época; sin embargo, ¿a qué mujer de su tiempo conocemos, quién siga siendo luz que ilumina a tantas vidas?. Veneramos, querido hermanos, a la virgen humilde de Nazaret, a la mujer sencilla que hizo de su vida una entrega incondicional al plan de salvación de Dios, a la que no alardeó de sus prerrogativas sino que se puso en la manos de Dios, por eso la felicitamos todas las generaciones, porque el Poderoso ha hecho obras grandes por ella.

La devoción filial a la Virgen María ha forjado a lo largo de la historia hombres y mujeres que han vivido una vida de santidad. A los pies de la santísima Virgen de la Piedad quiero recordar hoy al beato Gabriel Olivares Roda, bastetano, de los frailes menores, que forjó su vocación aquí, bajo la mirada amorosa de la Virgen de la Piedad. Sabemos de él que era devotísimo de la Virgen, devoción que estoy seguro nació en su niñez en los muros de este templo. Seguro que la Virgen, Reina de los Mártires, fue su fortaleza en el momento de la ofrenda de la vida y del perdón de sus verdugos. Quiera Dios que el nuevo mártir bastetano sea fermento de vida cristiana.

3. El Evangelio nos ha contado también el nacimiento de Jesús de la Virgen María. La obra del Espíritu Santo en el seno purísimo de la Virgen y la figura providencial de José. “José, hijo de David, no temas acoger a María tu mujer”, son las palabras del ángel. Esta invitación divina propicia que Jesús naciera y viviera en una familia. Jesús quiso vivir en una familia como cada uno de nosotros, porque es la familia el ámbito del crecimiento humano y de la maduración. El primer y mejor lugar para crecer y madurar es la familia, el amor de los padres de los hermanos, donde conviven las generaciones.

Nuestra diócesis durante este año pastoral que ahora comenzamos quiere mirar especialmente a las familias y a los jóvenes. En los próximos días encontraréis en las puertas de nuestras iglesias un cartel que dice: “Familia, juventud, vocaciones... acompañando en la alegría del amor”. Responde a la voluntad de mostrar que la Iglesia es, y debe ser, una gran familia. Somos la familia de los hijos de Dios. La Iglesia comienza en la casa de los creyentes, la familia es la iglesia doméstica, como la definió el concilio Vaticano II. Un niño tiene que aprender a Dios de sus padres, tiene que comenzar a rezar en su casa. No habrá verdadera transmisión de la fe sino es el testimonio del hogar. De hecho, “el debilitamiento de la fe y de la práctica religiosa en algunas sociedades afecta a las familias y las deja más solas con sus dificultades” (AL, 43). Las familias, como nos ha recordado el Papa, son siempre una posibilidad, y hemos de mirarlas y acogerlas como tal.

La familia es importante cuando a su base está el amor, la palabra más utilizada, pero tantas veces la más desfigurada. Como nos dice san Pablo, “el amor no es sólo un sentimiento, sino que se debe entender en el sentido que tiene el verbo «amar» en hebreo: es «hacer el bien». Como decía san Ignacio de Loyola, «el amor se debe poner más en las obras que en las palabras». Así puede mostrar toda su fecundidad, y nos permite experimentar la felicidad de dar, la nobleza y la grandeza de donarse sobreabundantemente, sin medir, sin reclamar pagos, por el solo gusto de dar y de servir” (AL, 94). El amor es una cuestión artesanal, “quizás la misión más grande de un hombre y una mujer en el amor sea esa, la de hacerse el uno al otro más hombre o más mujer. Hacer crecer es ayudar al otro a moldearse en su propia identidad” (AL, 221).

La familia nos introduce en la sociedad e evita que seamos seres antisociales: “Una persona antisocial cree que los demás existen para satisfacer sus necesidades, y que cuando lo hacen sólo cumplen con su deber. Por lo tanto, no hay lugar para la amabilidad del amor y su lenguaje. El que ama es capaz de decir palabras de aliento, que reconfortan, que fortalecen, que consuelan, que estimulan. Veamos, por ejemplo, algunas palabras que decía Jesús a las personas: «¡Ánimo hijo!» (Mt 9,2). «¡Qué grande es tu fe!» (Mt 15,28). «¡Levántate!» (Mc 5,41). «Vete en paz» (Lc 7,50). «No tengáis miedo» (Mt 14,27). No son palabras que humillan, que entristecen, que irritan, que desprecian. En la familia hay que aprender este lenguaje amable de Jesús (AL, 100).

Por eso, la misión de la Iglesia es hacer experimentar que el Evangelio de la familia es alegría que llena el corazón y la vida entera. Nuestra tarea es “acompañar a cada una y a todas las familias para que puedan descubrir la mejor manera de superar las dificultades que se encuentran en su camino” (AL, 200). Quiero subrayar la misión de acompañar, acompañar a los jóvenes en su preparación al matrimonio, a los matrimonio en su primeros pasos, a los que pasan dificultades, en fin, a los que sufren el desamor, el fracaso de la ruptura.

Este acompañamiento mira también de un modo especial a los jóvenes, porque ellos son siempre el signo de nuestra esperanza, por eso nos preocupan que tengan que mirar al futuro con más miedo que esperanza. Estamos convencidos de las capacidades y posibilidades que tienen nuestros jóvenes por eso queremos que invitarlos a vivir la vida como vocación y no como imposición. También muchas veces el Señor nos revela a través de los jóvenes lo que es mejor. Por eso, con el Papa, quiero repetir a los jóvenes de Baza y de toda la diócesis: “No tengáis miedo de escuchar al Espíritu que os sugiere opciones audaces: no perdáis tiempo cuando la conciencia os pida arriesgar para seguir al maestro”.

4. Al terminar mis palabras quiero pedir a la Virgen Santísima de la Piedad que nos conceda una sana y pacífica convivencia. Los últimos acontecimientos vividos en nuestro país marcado por la violencia terrorista que sembró el terror y derramó sangre inocente en la Rambla de Barcelona nos hace elevar nuestra oración en favor de la paz y la convivencia

Es momento de estar unidos, y de manifestar que esta unidad no niega la legítima pluralidad, sino, todo lo contrario, la enriquece. Hemos de trabajar unidos por una sociedad justa e igualitaria, que vive en paz; una sociedad en la que el otro no sea mi adversario ni mi enemigo, sino el que camina conmigo, mi hermano. Hemos de apostar, y es esta misión de los cristianos, por una sociedad fraterna, por la civilización del amor.

Por otra parte, los acontecimientos vividos nos deben cuestionar a todos: ¿Qué estamos sembrando en el corazón de los jóvenes?, ¿cómo educamos?, ¿estamos dejando en su corazón el rechazo al contrario, la división, la indiferencia ante el sufrimiento de los demás, y hasta el espíritu competitivo que no les hace crecer sino que genera odio y enfrentamiento?. Lo que sembremos en el corazón de los jóvenes será lo que germine en la sociedad mañana. Si sembramos violencia, división, mañana tendremos una sociedad dividida. Si no transmitimos una imagen del hombre abierto a la trascendencia, con horizontes amplios, tendremos una sociedad cerrada, y, desgraciadamente, seguiremos llorando por acontecimientos como los de estos días pasados.

Santa María de la Piedad, Reina de la paz, intercede por nosotros.

+ Ginés, Obispo de Guadix