Cuarto domingo de Resurrección. Ciclo C. 12 de mayo de 2019

LLAMADOS A LA SALVACIÓN

Cuidarse y mimarse uno mismo es sano, saludable, es fuente de vida, de “pura vida”. Si, consiguientemente, lo hacemos a los demás, mejor que mejor, porque con esos gestos infundimos optimismo, cercanía, preocupación, encuentro y acogida. Ello es algo que no tiene ni costes ni beneficios económicos, pero sí muchos beneficios personales y comunitarios de diversa índole. Un tipo de beneficios que no se valoran mucho en nuestro mundo neocapitalista e individualista, pero que son necesarios y urgentes de implantar entre nosotros, pues nos jugamos mucho con su ausencia y carencia.


Esta experiencia es para todos y todas, como la salvación que Jesús, en nombre del Padre, nos ofrece permanentemente con la presencia de su Espíritu. “Cuando los gentiles oyeron esto, se alegraron y alababan la Palabra del Señor; y los que estaban destinados a la vida eterna creyeron” (Hch 13,14.43-52). Si en tiempos de Jesús esto provocó rechazo porque se ofrecía vida eterna para creyentes y no creyentes, hoy no andamos muy lejos de hacer lo mismo, pues hay quien se cree con la exclusividad de la verdad y la salvación sin dejar paso a otras realidades y personas. Claro que a ello se opone Jesús resucitado y establece que su Reino es para todas aquellas personas que quieran entrar en el estilo de vida que él presenta. “Ya no pasarán hambre ni sed, no les hará daño el sol ni el bochorno. Porque el Cordero que está delante del trono será su pastor, y los conducirá hacia fuentes de aguas vivas. Y Dios enjugará las lágrimas de sus ojos” (Ap 7,9.14b-17).
Jesús se convierte en el Pastor de la humanidad, el Buen Pastor -nos dice el Evangelio de hoy (Jn 10,27-30)- que concreta las relaciones existentes entre ellos en la escucha, conocimiento, seguimiento y dar la vida. Así las actitudes fundamentales que el discípulo ha de experimentar son la escucha de su Palabra, conocerlo y seguirlo para llegar a la comunión con él.
Somos conscientes que hoy, más que nunca, existen muchos ruidos a nuestro alrededor, muchas palabras, imágenes, voces y mensajes que nos sitúan en una tesitura complicada con el riesgo de perder la orientación y el sentido de la vida. Por eso, urge discernir esas voces para escuchar la verdadera que nos produzca vida y plenitud (“mis ovejas obedecen, escuchan mi voz”, dice el Señor).
El cristiano es una persona que ha experimentado algo y tiene necesidad de contarlo porque le abarca toda su vida dándole coherencia. Es una invitación a seguir de cerca al Jesús que ha expresado conocer profundamente a quienes ama (“yo las conozco”) porque llega al corazón, a lo más hondo de nuestro ser y a conocer las actitudes últimas de nuestro actuar.
Y el que conoce algo en su profundidad, se deja guiar y sigue esa voz porque sabe que es fuente de vida para él y para otros. Se sigue y se participa de sus opciones y acciones prosiguiendo su causa. Esta es la misión de los que hoy somos discípulos y nos hemos dejado conducir por el Buen Pastor. Estamos llamados a conocer la realidad que nos rodea, asumir la responsabilidad de lo que en ella acontece y tomar la opción de transformarla para hacer el mundo más habitable, más humano y más reino de vida, donde la Iglesia participa y ofrece un recinto de paz, justicia y amor en el que todos y todas los que a ella se acerquen, puedan seguir esperando, que es lo que oramos y pedimos en la plegaria eucarística de nuestras celebraciones festivas. Frente al individualismo y hedonismo reinante, renovamos el compromiso de la fe obligados al diálogo con todos y todas, creyentes y no creyentes, trabajando por el bien del pueblo. Está claro, creer en Dios que ha resucitado a su Hijo Jesús, es apostar por el ser humano, encarnarse y transformar.
José Mª Tortosa Alarcón. Párroco de Jérez del Marquesado, Albuñán y Cogollos


PREGUNTAS:
1. ¿Cómo me dejo guiar por la voz de Jesús? ¿Cómo le sigo?
2. Te propongo que, por escrito, describas la realidad que te rodea: alegrías y tristezas de nuestro mundo.
3. ¿Cómo ofrecer el mensaje de Jesús en medio de esa realidad descrita anteriormente?

 

Dibujo de Miguel Redondo. Comentario de José María Tortosa. Y preguntas para la reflexión.