Sexto Domingo del Tiempo Ordinario. Ciclo B. 11 de febrero de 2018

Campaña contra el hambre. Jornada mundial del Enfermo.
EL POBRE, MARGINADO DE AYER Y DE HOY

Escuché hace un tiempo, a la profesora Adela Cortina, diciendo que en nuestra sociedad actual existe, lo que ella llama “aporofobia”, es decir, odio al pobre, al que no tiene nada (áporos), al que no puede ofrecer nada por su situación social, económica, personal… Verdaderamente, creo que no exagera, sino que dice una verdad que a todos y a todas, por lo menos a mí, me cuestiona y me hace pensar. Y creo que esta palabra va tomando forma y va siendo más realidad, ¡por desgracia!


Si leemos la primera lectura de hoy (Lev 13,1-2.44.46), descubrimos que en aquella sociedad de Israel, la lepra era considerada como una enfermedad contagiosa y como un castigo de Dios por el pecado. Así, los leprosos –y cualquiera que tuviera una enfermedad de explicación desconocida- eran aislados de la vida social y religiosa del pueblo. Pero es más, aquellos que de alguna manera, entraban en contacto con ellos, también eran declarados impuros y, por ende, marginados (Lev 11 al 15). Bueno, y esta mentalidad religiosa se había impuesto llegando a ridículas exageraciones.
Pero, no nos echemos las manos a la cabeza, pues hoy en día, también sufrimos situaciones parecidas con los enfermos de sida, drogadictos, menores, presos, y otros colectivos humanos –ancianos, marginados, parados, emigrantes, negros, gitanos, magrebíes, hambrientos, LGTB-. No nos extraña que cuando se decide instalar un centro para ayudar a estas personas, o alquilar un piso para ellos, surjan manifestaciones en contra y protestas, brutales en algunos casos, impidiéndolo; y lo más grave, algunas de ellas, encabezadas por creyentes de comunión diaria y ministros extraordinarios de la comunión, o personas que se definen como religiosas y creyentes. ¿No es esto aporofobia? ¿No es esto considerarlos como malos, depravados, pecadores? ¿No es esta la “lepra” de hoy?
Pero “dichoso el hombre a quien el Señor no le apunta el delito” (Sal 31) nos proclama el salmista. Y el apóstol Pablo en la lectura de hoy (1Cor 10,31-11,1) nos invita a no dar motivo de escándalo. Se trata de ser educado a un nuevo modo de pensar y de vivir; no se trata de salvarse o estar bien a espaldas de los otros; sino más bien, se trata de acoger y tener los mismos sentimientos de los otros y entender que el criterio último para nuestra conducta de creyentes es Cristo, que se acerca al pobre y marginado, al diferente, sin miedo a violar la ley, para restablecer su dignidad perdida, por amor y por su interés en la felicidad de sus semejantes (Mc 1,40-45). Y si el evangelista destaca esta acción de Jesús, no es por recordar una curación, sino para brindarnos la posibilidad de una aproximación más profunda a Jesús, de darnos a conocer su identidad y forma de ser; hacernos comprender por qué se indigna Jesús y qué es lo que conmueve su corazón y su actuación concreta.
Con esta acción, Jesús también sufre la marginación y “ya no podía entrar abiertamente en ningún pueblo” (Mc 1,45); pero la gente acude a Él porque han descubierto dónde está la oferta de vida, que para el evangelista Marcos, es una señal clara de la llegada del Reino de Dios al romper la raíz de la peor de las marginaciones (la lepra). Jesús se mancha las manos con el dolor de la persona que sufre. Desde aquí podremos entender a Jesús y seguirle más de cerca. Hacer lo contrario es no entender a Jesús. A Jesús se le entiende, no sabiendo, sino siguiéndole en sus opciones y esto, verdaderamente, libera, aunque se sufra la marginación e incomprensión de muchos y muchas que sólo se mantienen expectantes y sin hacer nada.
La Palabra de Dios de hoy me provoca y me invita a dar gracias a Dios por haberme hecho sensible a las necesidades de las personas con problemas de drogas y permitirme acercarme a ellos, aprender de ellos y convivir con ellos. Sus vidas, sus alegrías y sufrimientos, así como de las familias que les acompañan, han impregnado mi vida y, en definitiva, también algo la han complicado.
José Mª Tortosa Alarcón. Párroco de Jérez del Marquesado y Albuñán
PREGUNTAS:
1. ¿Qué respuesta damos en la comunidad cristiana a los divorciados, a los gays, lesbianas, a las madres solteras, a los enfermos de sida, a los drogadictos, a las prostitutas?
2. ¿Cómo actuamos ante los marginados de hoy? ¿Me implico y me mancho las manos o sólo ofrezco mi dinero?
3. ¿Cuál sería hoy la indignación de Jesús?
Signos y gestos: Visita algún hospital, residencia, psiquiátrico, stand en los mercadillos del pueblo, centros de rehabilitación y atrévete a entrar en diálogo con ellos.

 

Dibujo de Miguel Redondo. Comentario de  José María Tortosa. Y preguntas para la reflexión.