Vigésimo tercer Domingo del Tiempo Ordinario. Ciclo A. 10 de septiembre de 2017

BUSCANDO EL BIEN DE LOS HERMANOS

Nuevamente hoy, nos encontramos con una palabra de Dios que nos resalta la pasión de Dios por el bien y la felicidad de las personas. Si Dios nos ha soñado y creado felices, quiere que ese sueño y esa creación continúen para siempre y afecten a cuantas más personas mejor. Nos lo recuerda el salmista con bastante fuerza (Sal. 94): “ojalá escuchéis hoy su voz: no endurezcáis el corazón”. Que vuestro corazón no sea insensible al hermano y hermana, a los acontecimientos que ocurren, pues es necesario desvelar el sentido de lo que ocurre y conducirlos por el camino de la conversión (Ez 33,7-9), dejando muy claro que quien ama a sus hermanos y hermanas les desea lo mejor y no les hace daño: “a nadie le debáis nada, más que amor... por eso amar es cumplir la ley entera” (Rm 13,8-10).


Y el Evangelio de este domingo dará un paso más en esta dirección antes indicada, al hacernos comprender que la constante pedagogía de Dios es recuperar al hermano, corregirlo fraternalmente. Pero ello no es tarea fácil, porque amar al prójimo no es siempre sinónimo de callar y “pasar la mano” como si nada ocurriera, sino que en muchas ocasiones estamos obligados a hablar, orientar, guiar, corregir, criticar e incluso, denunciar el mal que se hace, pues ello favorece el bien. El amor es paciente, pero también exigente porque no tolera el mal. El amor busca la comunión y la unidad que son signos de la presencia del Señor, “donde dos o tres están reunidos en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos” (Mt 18,15-20).
Este Evangelio se enmarca dentro del discurso sobre la comunidad que elabora San Mateo para dejarnos ver que en la comunidad a la que él se dirige existen diversos grupos y problemas de convivencia, pero recordando las enseñanzas del maestro Jesús, les insiste en el cuidado de los más pequeños y en el perdón como norma básica en la vida de la comunidad cristiana. En otras ocasiones recuerda que los jefes de las naciones tiranizan, excluyen, oprimen, pero que entre nosotros, no sea así. Aquí se nos invita a la corrección fraterna y a entender “sorprendentemente, que es el ofendido el que ha de tomar la iniciativa para facilitar la relación” (F. Ulibarri). Y aquí cuestiona toda nuestra forma de entender el perdón y el buscar la unidad porque actuamos desde nuestra lógica y nuestros esquemas de poder que hacen sentirnos superiores a otros y no entender que para Jesús lo primero es buscar más lo que nos une que lo que nos divide. Aunque nos sintamos ofendidos, es necesario que no dejemos nunca de ejercer nuestra responsabilidad crítica y apoyar amistosa y lealmente a quien se ha desviado.
Las personas que están en rehabilitación de adicciones y drogas en Proyecto Hombre, dicen que el amor y la aceptación de su persona, el acogerlos por ser personas, por lo que son y no por lo que hacen, les hace crecer y tener ganas de salir de ese mundo “oscuro” en el que se encuentran. Pero, ellos mismos exigen y se exigen, que ese amor, esa acogida incondicional, “no les pase la mano”, es decir, que no les dejen pasar ni una, porque ello les lleva a relajarse y volver a la situación inicial de donde están buscando salir; por lo que todo esto es una exigencia muy fuerte para los que acompañamos su proceso. Les avisamos y ponemos en guardia para que cambien de conducta, pero son ellos los que eligen. Por nuestra parte, hemos hecho lo que teníamos que hacer. Es más, como nos recuerda el Evangelio de hoy, aplicamos la corrección fraterna siguiendo esos mismos pasos que nos propone hasta poder conseguir un cambio y recuperar al hermano. De lo que se trata es de “ganar al hermano” para la vida y para ser feliz. Poner en el centro de nuestra actuación el mandato del amor, nos recuerda que el desatar y el perdonar tienen absoluta prioridad sobre el atar y el excluir.

José Mª Tortosa Alarcón. Párroco de Albuñán y de Jérez del Marquesado

PREGUNTAS:
1. ¿Cómo soy consciente de la parte de responsabilidad que tengo en la vida de los que me rodean?
2. ¿Qué podríamos hacer para mejorar en la corrección mutua?
3. ¿Qué puedo hacer para buscar la “recuperación” de los hermanos? ¿Cómo entiendo la corrección fraterna?