Décimo octavo Domingo del Tiempo Ordinario. Ciclo A. 6 de agosto de 2017

“DADLES VOSOTROS DE COMER”

Permitidme una licencia en el comentario de este domingo que quiero compartir con los que ahora me están leyendo o lo harán en un futuro inmediato. Me refiero a que os voy a transcribir las preguntas para la reflexión y el comentario al evangelio que hoy leemos (Mt 14,13-21), hecho por un gran profesor mío en teología pastoral, Casiano Floristán, que ya goza en la casa del Padre, cantando eternamente las maravillas del Señor. Está escrito hace más de 20 años, pero creo que no ha perdido actualidad.

“La comida es uno de los gestos más habituales de los humanos, ya que es necesaria para sostener la vida, que es sagrada. Participada en comunidad, es signo de comunión, tanto a nivel humano como a nivel religioso. El pan es símbolo de la creación antigua y nueva, ya que es elaborado por la técnica y por el trabajo del hombre y de la mujer. Su reparto es signo de generosidad. Se comparte en grupo, donde los comensales se unen.
Según la expresión profética de Elías y Eliseo, el pueblo será saciado en la plenitud de los tiempos mesiánicos, ya que el reino de los cielos es banquete de los pobres. Al multiplicar Jesús el pan, indica que los tiempos mesiánicos han llegado. Nada menos que en seis ocasiones hablan los evangelios de la multiplicación del pan. El señorío de Jesús es respuesta a las más profundas necesidades humanas, una de las cuales es satisfacer el hambre. Por esta razón tienen en los evangelios un gran relieve las comidas de Jesús: con los pobres multiplica el pan; con los pecadores los reconcilia; y con sus discípulos les enseña a compartir. Se despide con una cena y regresa, una vez resucitado, para comer con los suyos, que es cuando lo reconocen, cuando parte el pan.
El relato de la multiplicación del pan, relatado seis veces distintas en los evangelios, tiene una dimensión social y una intención eucarística. Jesús se compadece de la multitud y da las gracias. La eucaristía anticipa el festín del final de los tiempos en la medida en que es comida compartida y gesto sacramental. A la acción de «comprar» opone Jesús la de «dar»; «sentarse en la hierba» es gesto de personal libres, no de esclavos; los número siete (cinco panes y dos peces) y los doce (los cestos) representan la plenitud. En el fondo, esta escena está en relación con el Éxodo y con la realidad humana: un pueblo que tiene hambre y no puede comprar de nada; en un lugar desierto, que es el mundo injusto; y en el que falta la comida, como en el Tercer Mundo; pero donde el pueblo quedará saciado con la justicia del Reino” que Jesús ha inaugurado y que no se puede parar, porque ya está dentro, como la levadura en la masa, pendiente de que fermente en algún momento de la historia personal y colectiva. Que también salga a flote en la vida de la Iglesia, de nuestras comunidades religiosas y de nuestras comunidades parroquiales.

José Mª Tortosa Alarcón. Párroco de Albuñán y Jérez del Marquesado

PREGUNTAS:
1. ¿Compartimos con los pobres nuestro pan?
2. ¿Qué hacemos para que la sociedad sea más justa?