GUADIX: AMORIS CAUSA

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Me dicen, y yo me lo creo, pues entre mis muchas diversiones no se encuentran las de consultar en exceso las páginas de Internet, que las mejores y mayores valoraciones de los visitantes de Guadix, se refieren a comentarios, en muy diversos soportes, acerca de la sorpresa de nuestra Catedral y su museo, la curiosidad extraordinaria de nuestras Cuevas y la cantidad y calidad de las tapas de nuestros bares. Por contra, las quejas más frecuentes y numerosas parecen ser las siguientes: los indicadores direccionales de los monumentos y zonas de la ciudad, son muy escasos, pequeños y escritos tan sólo en castellano, con total ausencia de otras lenguas. El único servicio políglota es el de las audio-guías de la Catedral, y está muy valorado. Por otra parte, la limpieza de la ciudad, sobre todo en sus barrios periféricos llenos de ruinas, es mucho peor que muy deficiente. Finalmente, la relación calidad-precio en las comidas y hostelería en general no está suficientemente ajustada y puede resultar cara si viajas con niños. No está apenas prevista la posibilidad de menús familiares.

            Yo no entro en la valoración de la veracidad de cada una de estas afirmaciones, tanto de las más positivas como de aquellas que pueden ser muy mejoradas. Carezco de formación y medios demoscópicos  suficientes para ello. Pero aún así, no me parece desacertado el común sentir, en general, de nuestros visitantes, porque valoran mucho y muy bien las sorpresas que Guadix ofrece en su Catedral, en sus Cuevas y en su gastronomía, al tiempo que nos llama la atención con severidad sobre el estado ruinoso de nuestro casco histórico o sobre la escasez de indicadores y carteles en otras lenguas.

            Si la relación calidad-precio es algo que corresponde, por su propia naturaleza, a la iniciativa privada, las flechas direccionales son responsabilidad total de la administración pública. Otra cosa será la calamidad cochambrosa de los barrios de Santa Ana y San Miguel. Aquí la “roina” alcanza el más perfecto e íntegro estado de vergüenza, sin más posibilidad de redención que aquella que la teología católica ofrece en su plenitud: después de la muerte, la resurrección, o bien, la condenación eterna.

            Es ahora cuando cabe preguntarse: ¿Qué disposición vivificante y resucitadora tienen nuestras autoridades respecto del casco histórico? Es cierto que le corresponde, habida cuenta del estado cadavérico del difunto, tanto a la autoridad nacional, cuanto a la autonómica, provincial y local. El bien común ha de ser buscado en cuanto bondad y en cuanto comunidad completa. Guadix no es capaz, por sí sólo, de resucitar su casco histórico. El estado en que se encuentran partes importantes de las calles de nuestra ciudad ya no es recuperable con los solos medios privados o municipales. Es absolutamente imprescindible un sólido compromiso de la Diputación Provincial y de la Junta de Andalucía… incluso del Gobierno central: a los ejemplos de Antequera, Ronda, Úbeda, Baeza, Arcos de la Frontera, Medina Sidonia o Écija y Estepa me remito. Gran parte de estas ciudades no tienen un patrimonio comparable al de Guadix, otras sí nos superan ampliamente, pero en todo caso esas ciudades están conservadas y dignísimamente dispuestas como un limpio escaparate, para lucir sus saberes y sus sabores. Guadix en cambio, alimenta su decrepitud a base de sucísimas fachadas, derrumbes interiores e imperio de los roedores de tamaño comparable al del “brontosaurius rex”, que era una enormidad.

            Es notable el empeño por la promoción de Guadix en la última edición de FITUR, centrada en el Cascamorras, la Semana Santa y una colección de breves y acertados vídeos sobre aspectos concretos de la ciudad y su entorno. Se hace evidente que si queremos construir un destino turístico apto, hemos de continuar por estos caminos. Con todo, tengo experiencia de haber guiado a foráneos, tanto para ver los desfiles de la Semana Santa como para seguir los pasos del Cascamorras. Desde pequeñillo me enseñaron a “cortar” por callejas y callejuelas para volver a ver las procesiones o las carreras del  9 de septiembre. Aquí empieza el horror, terror y pavor. Sin cargar las tintas he de decir que la vergüenza ajena recibe el grado de honoris causa, si no fuera porque se adentra en el de horroris causa… y ello sin humoris causa y en grado de amoris causa.

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PROPUESTA TURÍSTICA IMPRESCINDIBLE, O CASI.

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Sabido es cómo los cuatro puntos cardinales sirven de mucho, incluso de rosa de los vientos, o si se quiere, de manecillas del reloj: colóquese el amable lector mirando al norte con su esfera horaria y haga coincidir las doce con el norte, las tres con el este, las seis con el sur y las nueve con el oeste. Dirá el lector que para qué ha de someterse a semejante argucia espaciotemporal. Pues bien, la respuesta no es ni más ni menos que la siguiente:

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LA VIRGEN, EL LIBRO Y EL ORDENADOR

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Es cierto que la condición hispánica no suele destacarse precisamente por su unanimidad: los españoles somos el pueblo menos chovinista de Europa. Tenemos más razones que nadie para la grandeza, pero nunca presumimos de ella… aquello de: “si habla mal de España, es español”, no deja de ser una realidad entre nosotros. No tenemos signos unánimes, nuestra bandera no tiene universal reconocimiento, nuestro himno no tiene letra para ser cantado y nuestras autonomías, por algunos llamadas autonosuyas, han venido a ejercer como signos de pluralidad centrífuga y nunca de centralismo centrípeto, tenido como cosa del “régimen anterior”, eufemismo con el que se designó a la dictadura en tiempos de la transición. Dicho todo lo cual, afirmado, reafirmado y confirmado, cabe destacar que una de las pocas unanimidades hispánicas es la referencia constante y universalizada a la persona de María. La Virgen no suele tener entre nosotros grandes enemigos y si, por el contrario, la adhesión cordial de la inmensa mayoría… eso sí, con el mismo nombre pero distintos apellidos: Rocío en el sur, Monserrat en el norte, Estívaliz en Vasconia o Desamparados en el levante. Mucho sería pretender una mayor cota de acuerdo entre nosotros.

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La moda del aborto seguro = crimen seguro

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Dicen que la moda es el valor con mayor frecuencia en la distribución de los datos. Naturalmente, esa definición conviene tan sólo a la estadística que, a su vez, es el arte de mentir matemáticamente pues haciendo la media, si tenemos entre los dos tres pollos, cada uno tenemos pollo y medio, aunque yo tenga los tres y tú no poseas ninguno.

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