Semana Santa: síntesis de contrarios

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Empezar un artículo, por muy periodísticamente religioso que sea, intentando definir qué son los términos antónimos, es como para que le corran a uno a gorrazos, o bien todo lo contrario. Cabalmente se trata de todo lo contrario, pues lo antónimo, en latín y en castellano, es lo intrínsecamente contradictorio desde dentro de sí mismo: eso, eso.

Puestas mis cosas así, pasemos a considerar lo que en latín significa “processio” y “statio”, u sea, procesión y estación. Procesión significa: caminar juntos; estación significa: parada. Nuestras procesiones de Semana Santa, mientras caminan juntas, harán una parada ritual en la Catedral.

La iglesia madre de la Diócesis, acoge a todos con el fin de pararse a penitenciar, esto es, a pedir perdón al Señor y proponer la enmienda de la propia vida. Se trata de un acto íntimo de cada cofradía, en el que no intervienen las bandas de música y en la que tan sólo un fotógrafo acreditado por cada hermandad, inmortalizará el hecho. Será el momento de la oración sencilla y sentida, en la esperanza de una renovación espiritual profunda de nuestras corporaciones cofrades.

No se trata de un simple atractivo turístico, pues nuestra Semana Santa no tiene por finalidad atraer visitantes, aunque son muy bien venidos cuantos quieran acompañarnos. Nuestra Semana Santa, nuestras cofradías y toda nuestra vida religiosa tienen como fin llevarnos al cielo. Por eso, la Catedral es un signo de la patria celestial y definitiva. En ella el coro de los santos, simbolizado en la fantástica sillería que ocupa el centro de la nave, alaba la presencia divina que se significa en el Sagrario, de manera real y verdadera. Cada canónigo en el coro presta su voz al santo que campea en su respaldo, para que ocurra aquí en la tierra lo que ya ocurre, definitivamente, en el cielo: la alabanza divina y el amor fraterno. Se trata, sencillamente, de hacer verdad el Padre Nuestro: “hágase tu voluntad aquí en la tierra como en el cielo”.

Las cofradías, a partir de este año, se unen a este impulso sobrenatural por medio del natural. En la Catedral, la arquitectura, pintura, escultura, música, bordados, orfebrería… y arte en general, expresan la Gracia de Dios en medio de la humanidad pecadora. Por eso, cada hermandad, guiada por sus imágenes titulares se acerca al templo en signo de su cercanía al cielo. Dios acoge y bendice toda esta belleza a través de la cual se nos manifiesta. La conjunción del arte, como expresión humana de la belleza divina, se yergue en Guadix como signo de esperanza y alza a todos los cofrades como reclamo espiritual, a través de lo material; como signo sobrenatural, a través de lo natural.

La Semana Santa de Andalucía tiende a provocar un éxtasis colectivo: la conjunción entre los sentidos, la razón y el Evangelio. A través de los sentidos Dios llena el corazón y la mente en la consideración y el recuerdo de los hechos acaecidos en Jerusalén hace más de dos mil años. Si Judea se venía a Guadix en cada primavera, desde ahora, simbólicamente, Judea se viene al templo de Jerusalén, significado en nuestra hermosa Catedral. No es parte de un espectáculo, pero sí una forma bella de dignificarnos a nosotros mismos, con un acto de intimidad vivido en comunión de hermanos y rezado con humilde sencillez.

Ojalá esta entrada en el ámbito divino, nos ayude a construir en nuestra diócesis varios centros cofrades, donde poder formarnos en comunión con nuestro Instituto de Fundamentos Cristianos y construir talleres teóricos y prácticos. Talleres de secretarios o tesoreros, para aprender a conjugar la legislación canónica cofrade con las leyes civiles de protección de datos o de transparencia económica. Talleres de vocales de caridad, de liturgia y ritos, o de formación y juventud. Talleres de conservación del bordado, la orfebrería o la talla, el pan de oro, barnices y pátinas… Ahora bien, todas estas fórmulas, valiosas en sí mismas, estarían completamente fuera de lugar si no existiera en estos centros cofrades una capilla para la adoración del Santísimo Sacramento. No podemos conformarnos con la veneración de las imágenes, que es una catequesis plástica y artística, sin llegar al punto culminante que es la adoración de la Divina Eucaristía, en la que Cristo ha querido quedarse con nosotros, no como mera imagen, sino con una presencia real y verdadera, en la humilde Sagrada Forma del Pan.

Conforme vaya siendo posible, paulatinamente, sin prisas pero sin pausas, os convocamos a todos los cofrades a una renovación interior completa en la catedral interna que cada uno llevamos en el corazón, morada de Dios por el Bautismo y la Eucaristía. Es bueno preguntarse cuando entréis en la Catedral: “¿A qué hora y de dónde sale la procesión que todos llevamos por dentro?”.

Manuel Amezcua Morillas.

Delegado de HH. CC.

Manuel Amezcua

Párroco de Nuestra Señora de Gracia y Fátima, en Guadix. Canónigo y Director del Secretariado de Familia y Vida.

Este artículo ha sido publicado en el semanario Wadi-as de Guadix y comarca

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