Armonía entre la naturaleza y los seres humanos

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A LA VIRGEN TIZNÁ DE JÉREZ DEL MARQUESADO, PROTECTORA Y ANIMADORA DE LA ARMONÍA ENTRE LA NATURALEZA Y LOS SERES HUMANOS.

 En plenas novenas a la Virgen de la Purificación, "La Tizná" de Jérez del Marquesado, hemos escuchado estas palabras del jesuita Esteban Velázquez, promotor en nuestra comarca del Centro Persona y Justicia, centro de espiritualidades para el desarrollo y la justicia.

"Señora, Madre y Compañera en el camino de la vida, reconozco que tu advocación como la “Tizná” me desconcertó. No sabía cómo encontrar una relación no forzada entra esa advocación de ti y tu historia real según los evangelios.

Y hoy, que por primera vez voy a hablar de ti en la novena que convoca a tu nombre este pueblo, ya querido por mí, de Jérez del Marquesado, de repente me vino una luz, quizás tan rápida como aquel rayo que dejó tiznado tu rostro.

Y es que, desde la dinámica cristiana de la Encarnación, puede haber una lectura que dé un nuevo sentido a la historia de tu rostro tiznado por el rayo.

Y es esta: tanto querías estar cerca de tu pueblo, de Jérez y de todos los pueblos, que, aquí, donde el pueblo vio morir o “como morir” y volver a vivir a unos jóvenes heridos por un rayo, tú, que eres madre de todos, quieres ser recordada también, como la que, de alguna manera externamente visible, también sufriste el mismo efecto natural que aquel pueblo y, sobre todo, aquellas madres, vieron en los rostros de sus hijos tocados por el rayo.

Quisiste expresar, de alguna manera, tu deseo de acompañar el sufrimiento de aquellos niños, aquellas madres y aquel pueblo.

En ese rostro tuyo aparentemente afectado en su belleza, o en ciertos cánones de belleza, por los efectos del rayo, se oculta, y a la vez se expresa, otra belleza: la del corazón de una madre que quiere estar cerca de sus hijos, incluso cuando estos hijos suyos son aparentemente afectados, o hasta destrozados, por fenómenos naturales que afean o disminuyen la salud de sus cuerpos… o incluso los matan ¡Tantos de estos hijos e hijas tuyas como hay en el mundo!

Por eso, con cierto temor a equivocarme, pero con emoción, me dirijo por primera vez a ti, aquí, junto a tu rostro herido y tiznado por un rayo, como Madre y protectora de todas las víctimas de tantos fenómenos naturales que han producido muerte y dolor en el mundo.

¿Quién mejor que tú, venerada con los signos externos en tu rostro de aquellos movimientos de la naturaleza, hoy en aumento, que rompen la aparente belleza y perfección del mundo?,… ¿quién mejor que tú, como digo, para poder recordarnos que Dios estará siempre cerca del mundo que sangra cuando la naturaleza ruge y aparentemente rompe su equilibrio, paz y belleza natural?

Acoge bajo tu protección, María, a tantas víctimas de desastres naturales, tan tristemente frecuentes en nuestro tiempo en que la humanidad provoca a la naturaleza con un consumismo loco y excesivo y un uso de los espacios naturales como si fueran solo vertederos de nuestra vida cómoda, y a veces desenfrenada, en su trato hiriente a la madre naturaleza, nuestra Mama Pacha que dirían los pueblos indígenas, los que más han sabido convivir en armonía con ella.

Se tú, Virgen y Madre Tizná, desde este tu pueblo de Jérez, rebosante de belleza en todas sus esquinas y acurrucado a las faldas de esta bellísima sierra cubierta por una alfombra de pinos y acompañada del constante canto de la aguas saltarinas que danzan o susurran a su alrededor todo el año, se tú, desde aquí, también, fuerza y consuelo de tantos hijos e hijas tuyas jóvenes y no tan jóvenes, que luchan sin cesar en variados movimientos sociales para proteger la naturaleza de cualquier abuso de ella o de cualquier marchitación de su belleza.

Hoy nos atrevemos a nombrarte, Madre nuestra, como uno más de tus numerosos y merecidos atributos, Protectora de las víctimas de los numerosos cataclismo naturales, y Protectora y Madre también, de todos los que luchan para que la naturaleza sea respetada como hogar y templo. Quizás pocos o ningún sitio mejor para recibir este nuevo atributo que desde aquí en este pueblo de Jérez, donde la belleza paisajísticas desborda y embriaga. Y donde, a la vez,  tú eres venerada con un rostro herido que nos recuerda todos aquellos que, como aquellos jóvenes de este pueblo, han sido y son víctimas de una naturaleza que sangra y ruge pero nunca deja de ser bella y fuente de vida incesante. María, Virgen y madre Tizná, protectora de la naturaleza y la vida y de las víctimas del rugido inevitable y misterioso de la Madre Tierra. Ruega por nosotros".

José Mª Tortosa

Párroco de Jérez del Marquesado y Albuñán. Delegado de Apostolado Seglar

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