ARQUEOLOGÍA EN FACE RETAMA

Escrito por  |

Como Face Retama posee un especial magnetismo que no pocas personas perciben, resulta curioso que su abandono dure ya más de cincuenta años. También es singular que exista una especie de “arqueología antropológica” que unifica a los “cateros” por su origen y les lleva a reunirse en la romería anual del 15 de mayo. Por lo demás, el paraje se alimenta de ausencias y está poblado tan sólo por la fauna y la flora de lo que terminará siendo, a corto plazo, el parque paleontológico de nuestras ansias. No me olvidaré de indicar cómo a veces la colección de gamberros y gamberras, que se acercan en vehículos y vehículas, provocan destrozos y destrozas,  por todas partes y partos, estos últimos producto de las funciones que allí se realizan… (este ulterior párrafo podría suscribirlo la flor de la progresía… qué descanso).

 

Ya en serio: la arqueología de Face retama no es sólo la antropológica, pues también llama la atención la singularidad extraordinaria del aljibe, con sus notables sillares, indicativos de cómo alguien, hace muchos siglos, gastó abundante dinero en construirlo trayendo materiales desde muy lejos: las soluciones arquitectónicas son notables incluso en el arco de entrada al propio aljibe, así como a la bóveda y la complejidad de la escalera. Desgraciadamente, al encontrarse todo en un estado de conservación tan pésimo, gran parte de su espacio está repleto de barro y basura, por lo que adelantar más conclusiones acerca de sus características esenciales resulta, cuando menos, arriesgado. Como ocurre con todo en este enclave, la ruina ejerce su imperio dictatorial.

Además del aljibe, la singularidad arqueológica de Face Retama viene determinada por la ubicación de su ermita. El hecho de que la construcción, enriquecida por muros poderosos y artesonado mudéjar de la mejor factura, pues es una armadura completa de gran dignidad, esté ubicada en medio de un altiplano, alejada de las cuevas del entorno, indica por sí mismo un centro ideológico que es previo al centro arquitectónico: la ermita cubre un lugar importante anterior a su misma construcción, como una especie de relicario que protege una reliquia antecedente. Esta reliquia puede ser tan genérica como lo es en toda la cuenca mediterránea: unas veces se cubre la tumba de un mártir, otras el lugar de su enjuiciamiento o ajusticiamiento y otras, la casa donde habitó… todos estos ejemplos de “martiriom” los poseemos en abundancia alrededor de todo el Mediterraneo. En nuestro caso, ya en el interior de la ermita, un retablo se interpone entre sus pies y su cabecera, con dos puertas: una de entrada y otra de salida y una balaustrada que respeta el subsuelo sobre el que se alza el altar, en la parte delantera de dicho retablo. Estamos ante un deambulatorio clásico de la piedad martirial, para poder celebrar la Eucaristía justo sobre el sepulcro del Santo, como se hace en San Pedro, San Pablo extramuros, San Sebastián, por no salirnos de Roma, y, por influjo de estos grandes santuarios, en numerosos lugares del paleocristianismo: Alejandría, Antioquía, Palestina o Grecia. El subsuelo de esta construcción, visible por un pozo seco que evoca el sepulcro de San Torcuato, clama por unas catas arqueológicas realizadas con verdadero espíritu científico.

También en las cuevas del edificio que ocuparon obispos como don Juan de Montalbán en el siglo XVIII, otros arqueólogos han visto huellas más antiguas, incluso de posibles períodos visigodos. Sin atreverme a tanto, sí afirmo que la arqueología puede ofrecernos hallazgos del mayor interés que colaboren a proyectar su luz sobre los períodos de la Edad Antigua, que todavía nos son tan oscuros en el origen paleocristiano de nuestra diócesis.

Es verdad que también lo devocional, paisajístico, antropológico, histórico e incluso la empleabilidad y la productividad, son aspectos a tener en cuenta para la recuperación del enclave. En próximas colaboraciones podremos ir desarrollándolos. Por ahora, baste aquello que el misal romano afirma de Cristo en su tercer prefacio dominical: “de lo que era nuestra ruina, has hecho, Señor, nuestra salvación”.

Manuel Amezcua Morillas.

Manuel Amezcua

Párroco de Nuestra Señora de Gracia y Fátima, en Guadix. Canónigo y Director del Secretariado de Familia y Vida.

Este artículo ha sido publicado en el semanario Wadi-as de Guadix y comarca

La dirección de la web de Wadi-as es http://andaluciainformacion.es/guadix/