Verdaderamente resucitó, sigue resucitando

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“Verdaderamente ha resucitado y nosotros somos testigos de ello” porque lo vivimos en cada acontecimiento de la vida y porque acabamos de celebrarlo en la Vigilia Pascual de Resurrección.

 

Esta fue la experiencia vital que tuvieron los primeros discípulos del señor y que los llenó de entusiasmo, por lo que fueron capaces de salir de su escondite y del miedo para comprometerse a dar testimonio vital de la Resurrección del Señor, aun sabiendo que la vida se la estaban jugando, pero les iba la vida en ello y no podían callar. Seguir al maestro es su afán.

¿Qué pasó exactamente? No lo sabemos, pero el caso es que, la vida de la Iglesia primitiva dio un giro de 360 grados, que marcó la marcha de la fe hasta nuestros días y hasta el fin del mundo.

Pero siendo esto así, aún hay personas que confunden la resurrección con la reencarnación o creen en las dos cosas y viven su fe con tal confusión que no les permite vivirla con el entusiasmo y la proyección suficiente.

La reencarnación, sin ahondar mucho, nos dice que tras la muerte, hay sucesivas reencarnaciones en animales, personas o cosas, para terminar de completar una vida que parece está incompleta. Se reencarna uno, pero más evolucionado.

Para los que creemos en la resurrección, toda vida es completa, desde que se nace hasta que se muere, tenga uno los años que tenga, porque Dios nos ha soñado únicos e irrepetibles y en proceso de estar completos desde que se nace hasta que se muere. Es decir, que cuando uno muere ha completado su ciclo y no necesita reencarnarse en nada ni nadie, sino que uno resucita para la vida eterna, contemplando la gloria de Dios Padre, Hijo y Espíritu Santo. Para el cristianismo es el pilar de la fe: «Si Cristo no resucitó, vacía es nuestra predicación, vacía es también nuestra fe» (1Cor15,14).

¡Ojo al dato! Creer en la resurrección no nos exime de vivir la vida con tanta intensidad, que seamos capaces de dar vida en todo lo que hacemos y con todas las personas que nos encontramos. El que vive de la resurrección del Señor se compromete, más si puede, en las realidades de la vida y busca la felicidad y el bienestar de todas las personas, especialmente de los que más sufren y de los más pobres de la tierra, porque todo ser humano ha sido creado por Dios para ser feliz y, Jesucristo ha sido enviado al mundo para que todas las personas tengan vida y vida en abundancia (cf. Jn 10,10).

Esto es la resurrección que ahora estrenamos y de la que disfrutaremos durante cincuenta días, hasta que celebremos la fiesta de Pentecostés y el Espíritu del Señor resucitado habite en nuestras vidas alentando toda acción, todo compromiso en favor de los hermanos, especialmente los pobres, los enfermos, los inmigrantes, los refugiados, los drogadictos, los maltratados, los que sufren cualquier situación que punga su dignidad y su vida en peligro. Para eso ha resucitado el Señor, para ser Señor de vivos y de muertos y nosotros, los que nos llamamos cristianos, somos sus testigos y queremos seguirlo en todo momento, aunque también nos cueste la vida.

José Mª Tortosa

Párroco de Jérez del Marquesado y Albuñán. Delegado de Apostolado Seglar