El Guadix rural tampoco existe

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Hasta hace poco, “rústico” era un insulto, incluso sinónimo de zafio. Ahora está pasando a ser considerado un elogio. En Madrid hay manifestaciones multitudinarias en favor de lo rural en las que la zona de Guadix no ha estado representada. Nuestras fuerzas sociales y políticas no parecen haberse sumado a las preocupaciones por la desertización de nuestra geografía humana, subsiguiente a la de nuestro entorno natural. Se organizan manifestaciones para poner de relieve la España vaciada y Guadix brilla por su ausencia… debe ser por aquello de “Teruel también existe” y Guadix tampoco. Ese fue hace años el titular de un artículo suscrito por el que suscribe. Vuelvo ahora a las andadas para reclamar de nuestras autoridades una mayor atención al terrible fenómeno del despoblamiento del norte de la provincia de Granada. Citando al inmortal Jorge Llopis: “total que atando cabos, dentro de un mes no quedan ni los rabos”.

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Novedades cofrades S.A.: familia y juventud

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El avisado lector no debe preocuparse en exceso. No estamos ante la apertura de una nueva tienda de penitentillos, pasos de Semana Santa en miniatura, medallas variopintas e inciensos de múltiples precios, procedencias y olores. A todo lo externo de la Semana Santa le sobran aspectos puramente formales y le faltan honduras interiores.

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Semana Santa: síntesis de contrarios

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Empezar un artículo, por muy periodísticamente religioso que sea, intentando definir qué son los términos antónimos, es como para que le corran a uno a gorrazos, o bien todo lo contrario. Cabalmente se trata de todo lo contrario, pues lo antónimo, en latín y en castellano, es lo intrínsecamente contradictorio desde dentro de sí mismo: eso, eso.

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Los pozos de Guadix

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El que suscribe ha de ir todas las mañanas a la Magdalena, por razones que se caen de su peso: el peso de 15.000 legajos y 50.000 libros albergados en dicho templo, convertido, como se sabe en Archivo y Biblioteca Diocesanos. Hete aquí que resulta imprescindible transitar por una calle en “roina”, con “o”, toda vez que Sarajevo después de los bombardeos estaba más indemne que la calle Real de la Magdalena. Alguien, con acierto, mandó tapiar una gran parte de las casas derruidas, de cara a la simbólica acera que posee esta otrora vía pública llena de vida… pero olvidó cercar de alguna manera todo el perímetro posterior de dichas casas que lindan con el cerro de la Magdalena y su mirador. El acceso a las ruinas decrépitas de múltiples viviendas es tan fácil como pasear por el parque… eso sí, resulta mucho más peligroso: vigas descabezadas, escaleras y muros con grietas y pozos… ¡¡pozos!!... todos aquellos que tuvieron derecho a excavar los poseedores de esas viejísimas viviendas.

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